Pues éso, que ya ha pasado mi último fin de semana en Dublín y sin darme cuenta, snif, snif. Aunque ha sido a lo grande y he disfrutado un montón.
El sábado por la mañana, compritas por Henry St. Me cundió bastante. Supongo que esta semana antes de irme volveré alguna tarde, pero, si no, ya está, me despedí en condiciones de la super calle peatonal de tiendas. Para quien no lo sepa todavía, en Dublín hay taaaaaaaantas tiendas para chica como puedas imaginar, y no las típicas franquicias internacionales tipo zara. Me encanta.
Después vuelta a casa, comer, hablar con fathers in law y fathers a secas, y prepararme para ir a una fiesta. Ya en un principio no las tenía todas conmigo, pero cuando me dijeron que tenía que comprarme algo estrafalario para poder ir, tipo sombrero, peluca o gafas...
Al final fui con un sombrero de paja, que me lo puse para entrar por la puerta y nunca más se supo. No me había estado 10 minutos haciéndome un recogido en el pelo para estropearmelo para ir con sombrero en una discoteca.
Total que el plan fue una pre-fiesta en una casa, y la fiesta en cuestión en un restaurante cerrado tipo disco.
La conclusión a la que llegué es que no todo el mundo está hecho para salir de fiesta y que hay toda una cultura y manual de conducta para salir por la noche que cada vez me queda más lejos.
Todo y así, me lo pasé bien el rato que estuve y me vine a casita en torno a las 2, osea que buena hora (para mi; para el resto, horario de abuela).
Domingo típico de anglosajona rica. No dormir hasta muy tarde porque una señorita no puede quedarse tantas horas en la cama (ésa es la versión oficial, la extraoficial es que en este puñetero país no se puede dormir hasta tarde porque a las 6 de la mañana entra luz de día por las inexistentes persianas).
Desayuno tranquilo y señorial (lo mismo de cada día, cereales y leche, pero bien ricos que estaban).
Brunch para comer: aquí sí que sí, huevos benedict, como una señorona. Básicamente es huevo escalfado sobre un panecillo, y entre las dos cosas espinacas (o jamón, pero en mi caso pedí con espinacas), acompañado de una salsa parecida a la mayonesa pero líquida y más buena, y calentita, con salmón ahumado de guarnición. Muy muy bueno.
Todo ello acompañado todo el rato del tiempo más esquizofrénico que puedas imaginar. Diluvio y sol; ahora ésto, ahora lo otro.
Luego vuelta casa, descansar un poco, porque todo el mundo sabe que las señoronas anglosajonas ricas viven en un estrés contínuo.
Y después a merendar al Queen of Tarts. Para quien no sepa lo que es, lo resumiré en que es una cafetería mítica en Dublín, con especialidad en tartas, las mejores que he probado en toda mi vida, especialmente la carrot cake. Espectacular.
Yo me pedí una de chocolate, buenísima, con un tanque de café con leche, muy bueno pero tanque al fin y al cabo. Aquí lo de tacita de café no lo entienden mucho.
Vuelta a casa, mirar una peli en inglés, "En el nombre del padre". Yo ya la había visto, pero mi hermano no, osea que era una buena oportunidad para volver a verla en inglés. Me encantó exactamente igual (o aún más porque en VO siempre disfruto más) que la primera vez.
Y después a dormir. Básicamente éste ha sido mi fin de semana. Mencionando que el taxista que me trajo el sábado por la noche a casa me cobró de menos, ha sido un finde redondo.
Ahora ya a encarar la última semana de curso, porque el sábado que viene vuelvo al hogar, ducle hogar...
lunes, 30 de julio de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
Día embarazoso (y doloroso) en Dublín
Tranquilidad. A pesar de los dos, aparentemente negativos, adjetivos usados en el título de la entrada, no es nada serio.
Lo de embarazoso se explica mediante la anécdota que ahora explicaré. Lo de doloroso... se refiere a mis pies, pobres. Hoy les he hecho caminar, nada más y nada menos que, 12 km (de recto, más luego el tiempo que he estado andando por las tiendas y centro comercial).
Y ahora vamos con la súper anécdota de la semana.
Hoy he ido a comer con mi hermano a Google. Después, quería ir de compras por el centro, porque quería comprarme un par de cosillas de ropa.
Iba super animada y con muchas ganas por dos razones: tenía ganas de comprarme ropita, que desde que había llegado no me había comprado nada aún; y hacía un día estupendo, sol a tope y calor de verano real, toda una novedad en Dublín.
Pues bien, como hacía tanto calorcito, he pasado por casa primero para ducharme antes de salir. Me he puesto guapa y, en torno a las 4 de la tarde, he salido de casa con muchas ganas de tiendas.
Llego al centro a éso de las 4.20h. Hablo de las horas más que nada porque aquí a las 6 cierran las tiendas, y hay que tenerlo presente.
Empiezo con mis compras, y entro primero al h&m. Miro tranquílamente toda la ropa, con calma, me pruebo varias cosas y, finalmente, decido quedarme con dos vestidos muy bien de precio y muy chulis. Genial.
Me dirijo a la caja para pagarlos. Hay cola. No pasa nada, espero. En ningún momento se me ocurre mirar el bolso. ¿Para qué? debéis estar preguntándoos. Lo mismo pensaba yo, para qué.
Por fin llega mi turno. Le doy a la chica de la caja los vestidos, me los empieza a cobrar y a quitar los seguros y yo mientras voy sacando la cartera... o intentándolo.
Antes de salir de casa había hecho cambio de mochila para ir a clase al bolso. En el cambio metí todo menos la cartera. ¿Por qué? porque quería vivir la maravillosa experiencia de quedarte colgada con los vestidos a medio pagar, sin dinero, y teniéndole que explicar a la cajera todo éso en inglés.
Fantástica sensación, se la recomiendo a todo el mundo.
Total, que en dicha agradable situación, la cajera me pregunta que, si voy a volver, me guarda los vestidos. Le digo que sí sin saberlo muy bien.
Tengo tres opciones:
1. Volver a casa a por la cartera y volver a la tienda a pagar. Todo ello con sus respectivos kilómetros y calorcito andando.
2. Volver a casa y quedarme ya allí y perder mi super tarde de compras mientras me flagelo tres o cuatro veces.
3. Suicidarme. No la contemplaba porque, realmente, me gustaban mucho los vestidos. Y porque suicidarse en el único día soleado y caluroso en Dublín del año también es tener un humor de lo más especial.
Al final decidí optar por la primera opción. Vuelta a casa, rapidito para que no me cerraran las tiendas, coger cartera, beber agua, pasar de las super botas chachi pirulis y ponerme los deportivos, salir pitando de casa y llegar, echando el hígado por la boca y maldiciéndome por despistada, de vuelta a la tienda.
Me tenían reservaditos los vestidos osea que al menos éso sin problemas.
Y nada, luego seguir de compras hasta que han cerrado todo, merendar un batido hecho en el momento de yogur low fat de chocolate (espectacularmente bueno) y vuelta para casa.
Conclusión, que si creyera en un ser superior pensaría que es su manera de enseñarme a dejar de ser tan despistada. Lo que viene siendo un escarmiento.
Pero como no creo, pues os diré que, en realidad, lo tenía todo pensado desde hace días porque el blog está volviéndose de lo más soso y había que animarlo un poco. De nada.
Lo de embarazoso se explica mediante la anécdota que ahora explicaré. Lo de doloroso... se refiere a mis pies, pobres. Hoy les he hecho caminar, nada más y nada menos que, 12 km (de recto, más luego el tiempo que he estado andando por las tiendas y centro comercial).
Y ahora vamos con la súper anécdota de la semana.
Hoy he ido a comer con mi hermano a Google. Después, quería ir de compras por el centro, porque quería comprarme un par de cosillas de ropa.
Iba super animada y con muchas ganas por dos razones: tenía ganas de comprarme ropita, que desde que había llegado no me había comprado nada aún; y hacía un día estupendo, sol a tope y calor de verano real, toda una novedad en Dublín.
Pues bien, como hacía tanto calorcito, he pasado por casa primero para ducharme antes de salir. Me he puesto guapa y, en torno a las 4 de la tarde, he salido de casa con muchas ganas de tiendas.
Llego al centro a éso de las 4.20h. Hablo de las horas más que nada porque aquí a las 6 cierran las tiendas, y hay que tenerlo presente.
Empiezo con mis compras, y entro primero al h&m. Miro tranquílamente toda la ropa, con calma, me pruebo varias cosas y, finalmente, decido quedarme con dos vestidos muy bien de precio y muy chulis. Genial.
Me dirijo a la caja para pagarlos. Hay cola. No pasa nada, espero. En ningún momento se me ocurre mirar el bolso. ¿Para qué? debéis estar preguntándoos. Lo mismo pensaba yo, para qué.
Por fin llega mi turno. Le doy a la chica de la caja los vestidos, me los empieza a cobrar y a quitar los seguros y yo mientras voy sacando la cartera... o intentándolo.
Antes de salir de casa había hecho cambio de mochila para ir a clase al bolso. En el cambio metí todo menos la cartera. ¿Por qué? porque quería vivir la maravillosa experiencia de quedarte colgada con los vestidos a medio pagar, sin dinero, y teniéndole que explicar a la cajera todo éso en inglés.
Fantástica sensación, se la recomiendo a todo el mundo.
Total, que en dicha agradable situación, la cajera me pregunta que, si voy a volver, me guarda los vestidos. Le digo que sí sin saberlo muy bien.
Tengo tres opciones:
1. Volver a casa a por la cartera y volver a la tienda a pagar. Todo ello con sus respectivos kilómetros y calorcito andando.
2. Volver a casa y quedarme ya allí y perder mi super tarde de compras mientras me flagelo tres o cuatro veces.
3. Suicidarme. No la contemplaba porque, realmente, me gustaban mucho los vestidos. Y porque suicidarse en el único día soleado y caluroso en Dublín del año también es tener un humor de lo más especial.
Al final decidí optar por la primera opción. Vuelta a casa, rapidito para que no me cerraran las tiendas, coger cartera, beber agua, pasar de las super botas chachi pirulis y ponerme los deportivos, salir pitando de casa y llegar, echando el hígado por la boca y maldiciéndome por despistada, de vuelta a la tienda.
Me tenían reservaditos los vestidos osea que al menos éso sin problemas.
Y nada, luego seguir de compras hasta que han cerrado todo, merendar un batido hecho en el momento de yogur low fat de chocolate (espectacularmente bueno) y vuelta para casa.
Conclusión, que si creyera en un ser superior pensaría que es su manera de enseñarme a dejar de ser tan despistada. Lo que viene siendo un escarmiento.
Pero como no creo, pues os diré que, en realidad, lo tenía todo pensado desde hace días porque el blog está volviéndose de lo más soso y había que animarlo un poco. De nada.
domingo, 22 de julio de 2012
Sábado en Belfast
Ayer estuve en Belfast. Dos horas y media en autobús para ir, y otras dos horas y media para volver, pero merecieron la pena.
Primero estuvimos visitando el centro de la ciudad, muy animado y con mucha gente joven. Me gustó mucho.
Pero la visita más esperada era la zona de los murales, las calles Shankill (protestantes) y Falls (católicos).
Básicamente hay dos zonas, cada una de ellas de uno de los dos bandos enfrentados, "separadas" por un muro, el muro de la paz. En las fachadas hay murales, sobretodo en la zona católica, aunque también hay alguno en la zona protestante.
Lo que más me sorprendió fue la diferente manera de una zona y de otra de expresar sus signos de distintividad.
La zona protestante de Shankill estaba plagada de banderas del Reino Unido, fotos de la reina, tiendas donde sólo vendían artículos turísticos/frikis ingleses: banderas, fotos, imanes, etc. todo con la banderita y demás.
Vaya, que paseando por Shankill no te quedaba ninguna duda de en qué zona estabas.
Sin embargo, en la zona católica, dejando a un lado los murales, sólo vi algunas vidrieras de casas con triquetas, y poca cosa más. Digamos que la distintividad no se hacía tan evidente a primera vista.
Sería demasiado simplista sacar conclusiones sobre ésto, pero sí da pie a una reflexión (o varias).
Yo prefiero no mojarme mucho, más que nada porque el tema me queda lejos, pero lo que sí tengo claro es que, cada vez que hay un conflicto de estas características, tengo la sensación de que hacen más por la revolución los que la quieren evitar que los que la inician. Y en el caso de Irlanda del Norte (o en el caso de la independencia de Irlanda, de la cuál ya hablé en otra entrada) sólo hace falta mirar los libros de historia para darse cuenta de ello.
En mi opinión, quien tiene que demostrar noche y día y a toda costa que es diferente, que es el bando de los "buenos", es quien no está 100% seguro de poder "ganar". Y la falta de confianza en el poder de tus argumentos hace que la violencia se haga más presente, porque es el camino más fácil.
Y dejando a un lado las reflexiones personales, y seguro que poco acertadas por estar bastante lejos de la realidad de este conflicto, sólo recomendar a quien no haya estado ya, que vaya a Belfast.
Para mi es una visita casi obligada si estás en Irlanda y te interesa un poquito la historia.
Yo iba mentalizada de que no iba a hacer turismo para ver belleza, para visitar bonitos monumentos y calles.
Iba mentalizada de que iba a hacer una visita interesante por los intangibles, por la historia que hay destrás de cada calle, mural, esquina. Y sólo por éso (o nada más y nada menos que por éso) mereció la pena.
P.D.: Artículo muy bueno que encontré, es de hace unos años, pero me ha parecido realmente interesante: http://elpais.com/diario/2006/02/27/espana/1140994801_850215.html

Primero estuvimos visitando el centro de la ciudad, muy animado y con mucha gente joven. Me gustó mucho.
Pero la visita más esperada era la zona de los murales, las calles Shankill (protestantes) y Falls (católicos).
Básicamente hay dos zonas, cada una de ellas de uno de los dos bandos enfrentados, "separadas" por un muro, el muro de la paz. En las fachadas hay murales, sobretodo en la zona católica, aunque también hay alguno en la zona protestante.
Lo que más me sorprendió fue la diferente manera de una zona y de otra de expresar sus signos de distintividad.
La zona protestante de Shankill estaba plagada de banderas del Reino Unido, fotos de la reina, tiendas donde sólo vendían artículos turísticos/frikis ingleses: banderas, fotos, imanes, etc. todo con la banderita y demás.
Vaya, que paseando por Shankill no te quedaba ninguna duda de en qué zona estabas.
Sin embargo, en la zona católica, dejando a un lado los murales, sólo vi algunas vidrieras de casas con triquetas, y poca cosa más. Digamos que la distintividad no se hacía tan evidente a primera vista.
Sería demasiado simplista sacar conclusiones sobre ésto, pero sí da pie a una reflexión (o varias).
Yo prefiero no mojarme mucho, más que nada porque el tema me queda lejos, pero lo que sí tengo claro es que, cada vez que hay un conflicto de estas características, tengo la sensación de que hacen más por la revolución los que la quieren evitar que los que la inician. Y en el caso de Irlanda del Norte (o en el caso de la independencia de Irlanda, de la cuál ya hablé en otra entrada) sólo hace falta mirar los libros de historia para darse cuenta de ello.
En mi opinión, quien tiene que demostrar noche y día y a toda costa que es diferente, que es el bando de los "buenos", es quien no está 100% seguro de poder "ganar". Y la falta de confianza en el poder de tus argumentos hace que la violencia se haga más presente, porque es el camino más fácil.
Y dejando a un lado las reflexiones personales, y seguro que poco acertadas por estar bastante lejos de la realidad de este conflicto, sólo recomendar a quien no haya estado ya, que vaya a Belfast.
Para mi es una visita casi obligada si estás en Irlanda y te interesa un poquito la historia.
Yo iba mentalizada de que no iba a hacer turismo para ver belleza, para visitar bonitos monumentos y calles.
Iba mentalizada de que iba a hacer una visita interesante por los intangibles, por la historia que hay destrás de cada calle, mural, esquina. Y sólo por éso (o nada más y nada menos que por éso) mereció la pena.
P.D.: Artículo muy bueno que encontré, es de hace unos años, pero me ha parecido realmente interesante: http://elpais.com/diario/2006/02/27/espana/1140994801_850215.html
lunes, 16 de julio de 2012
Día lluvioso en Dublín
De hoy lo más destacado es que llueve. Y teniendo en cuenta que estamos en Dublín y no en el Sahara... pues éso.
No, ahora en serio, lo más destacado del día de hoy es que he comido con mi hermano en Google. Si os esperábais algo mejor os habéis equivocado de blog.
Por fín he estado en el comedor chuli y grande de Google. Muy chulo, la verdad, y la comida muy rica. Había mucha variedad de cosas, muy a cuidar el detalle, y muy variado en cuanto a que, si eres un bicho raro en lo que a gustos culinarios se refiere, quedas satisfecho.
Luego he conocido a un montón de catalanitos infiltrados en la empresa del momento, y me he sentido un poco como un monito de feria cuando he tenido que demostrar mis conocimientos de catalán delante de algunos de ellos.
Teniendo en cuenta que estoy en Dublín intentando aprender inglés, y conociendo a un grupo de jóvenes super preparados y con un muy buen nivel de inglés, quizá hubiera sido más propicio que me he hubieran puesto a prueba hablando inglés, pero no.
Y yo que se lo agradezco, porque hubiéramos pasado de demostrar que sé cómo me llamo, a saber cómo se llaman todos los dublineses en un radio de 20 kilómetros.
Bueno ahora igual me he pasado. Sólo 10 kilómetros.
Y, ahora sí, el apasionante mundo de la lluvia irlandesa. Cómo decirlo para que podáis poneros en mi piel pero sin parecer extremista. He llegado empapada.
Y lo que es peor, mi mochila ha llegado empapada. Y es peor básicamente porque mis dos súper móviles estaban dentro, y han podido sufrido un poco las consecuencias.
Y quedarme sin uno de los móviles y perder mi status pasajero de super ejecutiva con más de un aparato electrónico para cumplir la misma función, pase. Pero pasar de ser Miss Techno, a pasar a ser una incomunicada, una forastera en este primer mundo de comunicacións instantánia, perder mi posición en este mundo, ganada a pulso desde que con 13 años tuve mi primer móvil... no, por ahí no paso.
Una persona puede vivir sin paga extra ni derechos laborales, sin derecho a una educación gratuita, sin derecho a un sistema de salud digno y efectivo, sin derecho a tener unos políticos honestos. Puede vivir sin derechos, ya que nos ponemos. Pero no sin móvil, por amor de dios.
Pero, volviendo a esta mañana, he comprobado que Dios existe y no ha permitido que ninguno de mis dos pequeñines sufriera daños. La manzana para media mañana sí, pero ¿a quién le importa una manzana en tales momentos de angustia?
Y, ahora, con un hermano medio moribundo (por no dormir lo suficiente, no llevar una vida recogidita y, encima, machacarse corriendo y haciendo ejercicio) al lado, voy a ir cortando, que después de haber perdido la costumbre diaria de escribir en mi interesantísimo y trepidante blog, me estoy emocionando demasiado y no puedo dejar de escribir.
Así que de raíz, que duele más pero es más rápido.
Goodbye!
No, ahora en serio, lo más destacado del día de hoy es que he comido con mi hermano en Google. Si os esperábais algo mejor os habéis equivocado de blog.
Por fín he estado en el comedor chuli y grande de Google. Muy chulo, la verdad, y la comida muy rica. Había mucha variedad de cosas, muy a cuidar el detalle, y muy variado en cuanto a que, si eres un bicho raro en lo que a gustos culinarios se refiere, quedas satisfecho.
Luego he conocido a un montón de catalanitos infiltrados en la empresa del momento, y me he sentido un poco como un monito de feria cuando he tenido que demostrar mis conocimientos de catalán delante de algunos de ellos.
Teniendo en cuenta que estoy en Dublín intentando aprender inglés, y conociendo a un grupo de jóvenes super preparados y con un muy buen nivel de inglés, quizá hubiera sido más propicio que me he hubieran puesto a prueba hablando inglés, pero no.
Y yo que se lo agradezco, porque hubiéramos pasado de demostrar que sé cómo me llamo, a saber cómo se llaman todos los dublineses en un radio de 20 kilómetros.
Bueno ahora igual me he pasado. Sólo 10 kilómetros.
Y, ahora sí, el apasionante mundo de la lluvia irlandesa. Cómo decirlo para que podáis poneros en mi piel pero sin parecer extremista. He llegado empapada.
Y lo que es peor, mi mochila ha llegado empapada. Y es peor básicamente porque mis dos súper móviles estaban dentro, y han podido sufrido un poco las consecuencias.
Y quedarme sin uno de los móviles y perder mi status pasajero de super ejecutiva con más de un aparato electrónico para cumplir la misma función, pase. Pero pasar de ser Miss Techno, a pasar a ser una incomunicada, una forastera en este primer mundo de comunicacións instantánia, perder mi posición en este mundo, ganada a pulso desde que con 13 años tuve mi primer móvil... no, por ahí no paso.
Una persona puede vivir sin paga extra ni derechos laborales, sin derecho a una educación gratuita, sin derecho a un sistema de salud digno y efectivo, sin derecho a tener unos políticos honestos. Puede vivir sin derechos, ya que nos ponemos. Pero no sin móvil, por amor de dios.
Pero, volviendo a esta mañana, he comprobado que Dios existe y no ha permitido que ninguno de mis dos pequeñines sufriera daños. La manzana para media mañana sí, pero ¿a quién le importa una manzana en tales momentos de angustia?
Y, ahora, con un hermano medio moribundo (por no dormir lo suficiente, no llevar una vida recogidita y, encima, machacarse corriendo y haciendo ejercicio) al lado, voy a ir cortando, que después de haber perdido la costumbre diaria de escribir en mi interesantísimo y trepidante blog, me estoy emocionando demasiado y no puedo dejar de escribir.
Así que de raíz, que duele más pero es más rápido.
Goodbye!
sábado, 14 de julio de 2012
Un día cualquiera en Dublín
Es sábado. Estás en Dublín. Te levantas por la mañana, ni muy pronto ni muy tarde; te metes en la ducha, sin prisas; pones el agua más caliente de lo habitual, y te tomas tu tiempo; sales de la ducha y te vistes, cuidando un poco más los detalles que habitualmente, pero sin arreglarte demasiado; preparas las últimas cosas y, finalmente, sales de casa.
Vas caminando, ni muy deprisa ni muy despacio, buscando un sitio agradable donde desayunar. Mientras caminas, el viento golpea suavemente tu cara. No hace demasiado frío, pero desde luego no estás pasando calor. Por fin encuentras un sitio que te gusta para desayunar, un sitio al que probablemente no hubieras entrado ningún otro día. Entras. Te sientas, sin ninguna prisa, y pides una taza de leche caliente y una magdalena casera de frambuesa. Algo que nunca desayunarías en casa si te lo planteases. Comes despacio, disfrutando, como si nadie te esperara, ya que nadie te está esperando. Finalmente, pagas y sales del local.
El viento vuelve a golpearte la cara. No miras el reloj, y empiezas a caminar sabiendo a donde te diriges, pero como si no tuvieras un destino fijo. Te fijas en sitios en los que, probablemente, en otras circunstancias no te fijarías. Observas cómo la gente camina, oyes varios idiomas diferentes en una misma calle. No piensas en nada, sólo caminas, respiras, observas.
Finalmente, llegas a tu destino. Sigues caminando por el centro, cada vez con más gente alrededor. Entras en todas las tiendas que quieres, miras lo que estás buscando, pero también miras todo lo demás, lo que te interesa y lo que no, lo que necesitas y lo que no.
Acabas de hacer todas tus compras, acabas de recorrer todas las calles posibles, y caminas hacia casa. Pero no vuelves por donde irías si tuvieras prisa, si tuvieras algo que hacer. Caminas por un sitio diferente. Caminas de una manera diferente. Te paras, miras, observas a tu alrededor. Miras el reloj. Es más tarde de lo que esperabas. En otras circunstancias empezarías a caminar más rápido, pero ahora no lo haces. Sigues caminando como si nadie te estuviera esperando. Nadie te está esperando. Te haces unas fotos en un sitio donde, seguramente, nunca te harías fotos. Ríes. Caminas. Y llegas a casa.
Abres la puerta, dejas las cosas, despacio, sin ninguna prisa. Te cambias de ropa, entras al baño, bebes agua. Es tarde, y no has comido. Ni siquiera has empezado a preparar nada, pero no te importa. No tienes prisa. Entras en la cocina y empiezas a bailar el baile que mejor conoces, en la pista donde mejor te mueves: cueces agua, cortas pescado, enciendes la plancha, echas aceite, calientas el pan, lavas lechuga, cortas fresas, pones la mesa... No miras el reloj. Acabas, y empiezas a comer.
Te has sentado por primera vez desde que has llegado, pero no estás cansado. Comes despacio, saboreando una de las comidas más simples que nunca hayas tomado, pero hoy te parece un manjar. Acabas de comer, y te sientas en el sofá. Ves una película, una película que ya habías visto, pero la vuelves a ver, y te gusta. Realmente te importa poco de qué vaya la película, sólo disfrutas viendo pasar imágenes, oyendo sonidos, voces. Te envuelves con la manta, y dejas pasar el tiempo.
Acaba la película, y empiezas a escribir sobre cómo te ha ido el día. Has hecho muchas cosas pero ninguna de ellas por obligación, y todas ellas con tu hermano.
Es sábado. Estás en Dublín. Te encantaría que cada día fuera sábado en Dublín.
Vas caminando, ni muy deprisa ni muy despacio, buscando un sitio agradable donde desayunar. Mientras caminas, el viento golpea suavemente tu cara. No hace demasiado frío, pero desde luego no estás pasando calor. Por fin encuentras un sitio que te gusta para desayunar, un sitio al que probablemente no hubieras entrado ningún otro día. Entras. Te sientas, sin ninguna prisa, y pides una taza de leche caliente y una magdalena casera de frambuesa. Algo que nunca desayunarías en casa si te lo planteases. Comes despacio, disfrutando, como si nadie te esperara, ya que nadie te está esperando. Finalmente, pagas y sales del local.
El viento vuelve a golpearte la cara. No miras el reloj, y empiezas a caminar sabiendo a donde te diriges, pero como si no tuvieras un destino fijo. Te fijas en sitios en los que, probablemente, en otras circunstancias no te fijarías. Observas cómo la gente camina, oyes varios idiomas diferentes en una misma calle. No piensas en nada, sólo caminas, respiras, observas.
Finalmente, llegas a tu destino. Sigues caminando por el centro, cada vez con más gente alrededor. Entras en todas las tiendas que quieres, miras lo que estás buscando, pero también miras todo lo demás, lo que te interesa y lo que no, lo que necesitas y lo que no.
Acabas de hacer todas tus compras, acabas de recorrer todas las calles posibles, y caminas hacia casa. Pero no vuelves por donde irías si tuvieras prisa, si tuvieras algo que hacer. Caminas por un sitio diferente. Caminas de una manera diferente. Te paras, miras, observas a tu alrededor. Miras el reloj. Es más tarde de lo que esperabas. En otras circunstancias empezarías a caminar más rápido, pero ahora no lo haces. Sigues caminando como si nadie te estuviera esperando. Nadie te está esperando. Te haces unas fotos en un sitio donde, seguramente, nunca te harías fotos. Ríes. Caminas. Y llegas a casa.
Abres la puerta, dejas las cosas, despacio, sin ninguna prisa. Te cambias de ropa, entras al baño, bebes agua. Es tarde, y no has comido. Ni siquiera has empezado a preparar nada, pero no te importa. No tienes prisa. Entras en la cocina y empiezas a bailar el baile que mejor conoces, en la pista donde mejor te mueves: cueces agua, cortas pescado, enciendes la plancha, echas aceite, calientas el pan, lavas lechuga, cortas fresas, pones la mesa... No miras el reloj. Acabas, y empiezas a comer.
Te has sentado por primera vez desde que has llegado, pero no estás cansado. Comes despacio, saboreando una de las comidas más simples que nunca hayas tomado, pero hoy te parece un manjar. Acabas de comer, y te sientas en el sofá. Ves una película, una película que ya habías visto, pero la vuelves a ver, y te gusta. Realmente te importa poco de qué vaya la película, sólo disfrutas viendo pasar imágenes, oyendo sonidos, voces. Te envuelves con la manta, y dejas pasar el tiempo.
Acaba la película, y empiezas a escribir sobre cómo te ha ido el día. Has hecho muchas cosas pero ninguna de ellas por obligación, y todas ellas con tu hermano.
Es sábado. Estás en Dublín. Te encantaría que cada día fuera sábado en Dublín.
miércoles, 11 de julio de 2012
Día 9 en Dublín: triste pero feliz
Poco a poco voy adaptándome
al curso. Por la mañana nos lo pasamos bien, aprendo sobretodo vocabulario y
refresco mis nociones sobre gramática inglesa. También hablamos, pero de forma
más relajada.
Por la tarde lo paso
peor, porque son dos horas en las que tienes que estar hablando todo el rato
con todo el mundo, mucho más mezclados en cuanto a nacionalidades (y acentos) y
a nivel de inglés.
Hoy me he dado cuenta de que no somos todos del mismo nivel. Supongo que no tienen tanta gente haciendo el intensivo y no pueden separar tantos grupos, pero realmente hay gente que está, sobretodo, por encima de mi en cuanto a nivel oral.
Hoy me he dado cuenta de que no somos todos del mismo nivel. Supongo que no tienen tanta gente haciendo el intensivo y no pueden separar tantos grupos, pero realmente hay gente que está, sobretodo, por encima de mi en cuanto a nivel oral.
Lo bueno es que he
conocido a una chica muy simpática, de Castellón, con la que puedo hablar en
catalán fuera de clase y tener aún más cacao mental del que ya tengo.
Cuando he salido del curso a las 4 y hemos empezado a hablar en catalán esta chica y yo, yo ya no sabía cuando hablaba inglés, castellano o catalán. Mi cerebro tiene una mezcla de idiomas y un cacao impresionante.
Cuando he salido del curso a las 4 y hemos empezado a hablar en catalán esta chica y yo, yo ya no sabía cuando hablaba inglés, castellano o catalán. Mi cerebro tiene una mezcla de idiomas y un cacao impresionante.
La buena señal es que,
antes de venir a Dublín, cuando intentaba decir algo en inglés, automáticamente
traducía de castellano a catalán, y me salía en catalán básicamente porque era
la última lengua aprendida.
Hoy me he dado cuenta de que, hablando con esta chica, me venían cosas a la cabeza en inglés cuando en realidad quería decirlas en catalán, osea que vamos bien (o no).
Hoy me he dado cuenta de que, hablando con esta chica, me venían cosas a la cabeza en inglés cuando en realidad quería decirlas en catalán, osea que vamos bien (o no).
Ahora me estoy preparando
unos guisantes con patata para comer mañana en la academia, junto con una
salchicha, lechuga y un poco de pan. Y de postre un yogur. Buen estreno para mi
bolsita nevera.
Ahora sí que se puede
decir que estoy sola realmente (hasta que llega mi hermano), ya no tengo un
ocioso jovenzuelo por aquí rondando y esperándome…
Y por último, pero no
menos importante, hoy he sabido mis notas del segundo cuatrimestre de la uni:
todo aprobado, incluso genética!
Para acabar, y por todo
lo explicado, el siguiente video me lo autodedico:
Tomorrow
more…
Día 8 en Dublín: segundo día de curso, y contando...
Madre mía, segundo día, cada vez que lo pienso y digo "ostras, me quedan cuatro semanas", pienso: "o aprendo inglés que ni una de Arizona o me suicido".
De 9 a 11, clase de vocabulario y gramática, pero el profe hace participar mucho y también hablamos bastante en inglés (dentro de nuestras posibilidades).
Tenemos un profe super majo (pero con serios problemas de sudoración), que, por suerte o por desgracia, ya me tiene fichada.
Ayer salió el tema (no sé muy bien como ni por qué) de que mi hermano trabaja en Google, y se emocionó, me preguntó un montón de cosas y me dijo que estaba impresionado.
Cuando se enteró de que me llamaba Sheila, también le hizo ilusión y me contó que era un nombre Irlandés y blablabla.
Y para acabarlo de rematar, en un ejercicio en el cual él decía palabras y nosotros escribíamos frases con esa palabra, una de las palabras (escrita en la pizarra, para todo el mundo) fue Sheila.
Total, que toda la clase mirándome y ya saben todos que tengo un hermano en Google.
También es interesante destacar que, mucha tradición irlandesa en mi nombre, pero cuando me lo pronuncian no parece el mismo. Para ellos soy algo así como "Shila". Pues vale. Ya puestos me podían llamar Chirla, que al menos tendría más gracia.
De 11 a 11.20 tenemos un tiempo para descansar, comer algo, ir al baño...
A las 11.20, y ni un minuto más tarde (parecen suizos), empieza la otra clase, de conversación. Tenemos otro profe, también majete. Básicamente, nos pasamos una hora y media hablando entre nosotros, de temas que él dice, y con él. Es entretenido.
A la 1 había quedado con Joan, que había estado toda la mañana de picos pardos, mientras yo me cultivaba enormemente, y hemos comido juntos. A las 2 otra vez a clase dos horitas más. La verdad es que acabo con el inglés saliéndome por las orejas y sólo llevo 8 horas de clase en total.
Por la tarde es donde creo que más aprenderé, pero también donde más sufriré. La gente está más repartida, en lo que a nacionalidades se refiere, y cuesta más entablar conversaciones, que es básicamente a lo que vamos, a hablar y a hablar.
En otra ocasión pensaría, una clase sólo para hablar, perfecto, pero claro, cuando sólo puedes hablar en inglés ya no mola tanto.
A las 4 he ido al centro, donde me he encontrado con joanet y su carita de acabarse de despertar de la siesta, y hemos ido a ver cadáveres. Sí, concretamente varios y troceados.
The Human Body Exhibition. Es una exposición consistente en ver, desde dentro y de manera real, el cuerpo humano. Mirarlo por internet por si os interesa, han ido recorriendo varias capitales europeas y ahora están en Dublín.
Nos ha gustado mucho, la verdad.
Y vuelta a casita, descansar, preparar cenita, cenar y aquí estamos, escribiendo (mientras otros leen espatarrados en el sofá).
Mañana más, y puede que mejor, aunque no es muy difícil. Estoy perdiendo la inspiración...
P.D.: Si ahora mismo me encontrara con el genio de la lámpara le pediría que pudieras quedarte más días aquí conmigo. Te voy a echar de menos.
P.D.2.: Por si lo lees, genio, que sepas que un segundo deseo, y no por ello menos deseado, sería hacer menos el ridículo con el inglés. Gracias.
De 9 a 11, clase de vocabulario y gramática, pero el profe hace participar mucho y también hablamos bastante en inglés (dentro de nuestras posibilidades).
Tenemos un profe super majo (pero con serios problemas de sudoración), que, por suerte o por desgracia, ya me tiene fichada.
Ayer salió el tema (no sé muy bien como ni por qué) de que mi hermano trabaja en Google, y se emocionó, me preguntó un montón de cosas y me dijo que estaba impresionado.
Cuando se enteró de que me llamaba Sheila, también le hizo ilusión y me contó que era un nombre Irlandés y blablabla.
Y para acabarlo de rematar, en un ejercicio en el cual él decía palabras y nosotros escribíamos frases con esa palabra, una de las palabras (escrita en la pizarra, para todo el mundo) fue Sheila.
Total, que toda la clase mirándome y ya saben todos que tengo un hermano en Google.
También es interesante destacar que, mucha tradición irlandesa en mi nombre, pero cuando me lo pronuncian no parece el mismo. Para ellos soy algo así como "Shila". Pues vale. Ya puestos me podían llamar Chirla, que al menos tendría más gracia.
De 11 a 11.20 tenemos un tiempo para descansar, comer algo, ir al baño...
A las 11.20, y ni un minuto más tarde (parecen suizos), empieza la otra clase, de conversación. Tenemos otro profe, también majete. Básicamente, nos pasamos una hora y media hablando entre nosotros, de temas que él dice, y con él. Es entretenido.
A la 1 había quedado con Joan, que había estado toda la mañana de picos pardos, mientras yo me cultivaba enormemente, y hemos comido juntos. A las 2 otra vez a clase dos horitas más. La verdad es que acabo con el inglés saliéndome por las orejas y sólo llevo 8 horas de clase en total.
Por la tarde es donde creo que más aprenderé, pero también donde más sufriré. La gente está más repartida, en lo que a nacionalidades se refiere, y cuesta más entablar conversaciones, que es básicamente a lo que vamos, a hablar y a hablar.
En otra ocasión pensaría, una clase sólo para hablar, perfecto, pero claro, cuando sólo puedes hablar en inglés ya no mola tanto.
A las 4 he ido al centro, donde me he encontrado con joanet y su carita de acabarse de despertar de la siesta, y hemos ido a ver cadáveres. Sí, concretamente varios y troceados.
The Human Body Exhibition. Es una exposición consistente en ver, desde dentro y de manera real, el cuerpo humano. Mirarlo por internet por si os interesa, han ido recorriendo varias capitales europeas y ahora están en Dublín.
Nos ha gustado mucho, la verdad.
Y vuelta a casita, descansar, preparar cenita, cenar y aquí estamos, escribiendo (mientras otros leen espatarrados en el sofá).
Mañana más, y puede que mejor, aunque no es muy difícil. Estoy perdiendo la inspiración...
P.D.: Si ahora mismo me encontrara con el genio de la lámpara le pediría que pudieras quedarte más días aquí conmigo. Te voy a echar de menos.
P.D.2.: Por si lo lees, genio, que sepas que un segundo deseo, y no por ello menos deseado, sería hacer menos el ridículo con el inglés. Gracias.
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