Mi compañero de fatigas ha decidido hacerse emprendedor. Hacerse emprendedor en los tiempos que corren viene a ser lo mismo que hacerse hippy en los sesenta o no lavarse el pelo, agujerearse la ropa y suicidarse antes de los 30 a principios de los noventa.
La diferencia es que los hippys y los grunge tenían claro que entraban a formar parte de un subgrupo social, que seguían una tendencia del momento, para diferenciarse del resto. Los emprendedores no creen escoger una alternativa entre varias, sino que están convencidos en que cogen la única alternativa aceptable en estos momentos. Y éso les acerca a una autovisión de superioridad moral que hace que no sean tan simpáticos como los emporrados o los suicidas.
La similitud entre movimientos viene dada por el hecho de que todos ellos creían que su tendencia sería inmortal. Y tal como acabó la moda de los pantalones de campana y las flores en el pelo, la burbuja que se han creado los emprendedores desde hace unos años, acabará explotando.
Los lectores más perspicaces ya se habrán dado cuenta de que mi actitud hacia los emprendedores no es especialmente positiva. Sois unos linces, pero ahora os voy a explicar por qué.
No es que tenga nada en contra del progreso. No soy una de esas personas que delante de cualquier cambio diga: "vamos a peor". Pero no me gusta que me disfracen el humo como el gran invento de la humanidad.
La primera cosa que me saca de quicio del movimiento emprendedor es el hecho de obviar siglos y siglos de historia de la humanidad. Pensar que unos cuantos pijitos de esade han descubierto cómo ganarse la vida y que, todo lo que llevaba haciendo el hombre hasta el momento, era otra cosa.
La segunda cosa que no soporto es esconder bajo buenos discursos la intención más antigua y inherentemente humana de todas: ganar dinero.
A ver, en serio, quien crea un negocio de gestión de ideas positivas online o de venta de productos nacionales a españoles expatriados no lo hace porque sea mejor persona que tú y que yo, o porque quiera sembrar la semilla de la innovación en el mundo. Lo hace para ganar dinero, igual que el carnicero del barrio o el administrativo de cualquier empresa.
Y no pasa nada, es lo más normal del mundo. Todo el mundo tiene que ganarse el pan de alguna manera, es muy lícito. Lo que no lo es, es negar que estás haciendo lo que haces para ganar un sueldo como cualquier hijo de vecino.
La tercera cosa a criticar es la capacidad que tienen para venderte necesidades inexistentes. Resulta que ahora nadie puede vivir sin un MBA, sin unas buenas sesiones de coaching y risoterapia de colores, o sin enviar pañales con dedicación personalizada a la amiga que acaba de parir.
¿En serio éso es avanzar como especie?
La cuarta cosa alarmante es que estamos creando generaciones de gente repelente. Hace un tiempo mi querido hermano me dijo que el futuro estaba en los niños que cuando les preguntabas qué querían ser de mayores, respondieran "aún no se ha inventado".
Sintiéndolo mucho por mi querido hermano, si me sale un hijo que me diga semejante frase le dejo un mes entero castigado.
A ver si nos entendemos, no necesitamos más gilipollas (con perdón) en el mundo, que ya tenemos de sobra. El niño que no diga que quiere ser médico, futbolista o astronauta, y diga que quiere hacer algo que aún no se ha inventado no es un niño normal ni será un adulto normal.
Por no hablar de que el ratio de sociópatas aumentará exponencialmente.
Al final, después de tanta bilis, tengo que decir que no estoy realmente preocupada. Como he dicho antes, creo sinceramente que ésto es una moda, una burbuja más que acabará explotando. Es como todos los negocios de internet del momento: facebook, twitter, etc. Si te paras a pensar cómo es que los directivos de estas empresas son ricos si no venden "nada", sólo por la idea, te das cuenta de que tarde o temprano, cuando la gente se harte de facebook y los anunciantes retiren la publicidad para irse a la nueva red social del momento, facebook qué tendrá? Humo.
Lo único que me molesta realmente del tema es que no hay día en que no oiga la palabra emprendedor, ya sea en las noticias, en las tertulias, en las conversaciones de bar (de lounge-bar, no de Casa Pepe), o en la boca de los grandes economistas del momento que se pasean por los diferentes medios de comunicación explicando lo mierdas que somos, lo mal que nos seguirá yendo o que la única solución está en ser emprendedor.
En serio, dejadlo ya. Porque al final lo único que vais a conseguir es explotar un negocio poco explorado en este país: la venta al por mayor de Kalashnikov. Igual sí que así salimos de la crisis...
P.D.: Todo ésto empezaba hablando de que mi compañero de fatigas ha decidido hacerse emprendedor. Tranquilos, lo hemos cogido a tiempo, y ya tengo preparadas unas cuantas sesiones de antídoto para la epidemia. No llegará a más, está todo controlado.
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martes, 11 de junio de 2013
martes, 11 de diciembre de 2012
El futuro sigue siendo incierto, pero menos.
Hace casi dos años, me
empezaba a plantear muy seriamente darle un giro radical a mi vida. Bueno,
radical en la forma, no en el contenido.
Resulta que se suponía que era una chica corriente de Madrid que estudiaba una carrera, psicología, en una universidad de Madrid, con pareja desde hacía casi dos años, buena relación familiar y, aparentemente, feliz. Pero mira, casualidades de la vida, quien parece tener una vida, si no perfecta, aceptablemente buena, resulta que no es feliz.
Y quien no es feliz tiene dos caminos que seguir: quedarse como está o preguntarse si puede hacer algo para cambiarlo.
En mi caso fue fácil descubrir el origen de mi infelicidad. Todo en mi vida iba muy bien salvo el hecho de no poder estar cuando quisiera con mi pareja, a quien le dio por nacer a varios km de distancia de mi.
Así que, volviendo a hace casi dos años, y al giro radical que me estaba planteando, me dio por decir en voz alta lo que llevaba pensando como imposible durante muchos meses: y si me voy a vivir con él, dejo mi familia, mis amigos, mi universidad, intento no dejar mi carrera, y estoy con la persona que hará que sea feliz?
Resulta que se suponía que era una chica corriente de Madrid que estudiaba una carrera, psicología, en una universidad de Madrid, con pareja desde hacía casi dos años, buena relación familiar y, aparentemente, feliz. Pero mira, casualidades de la vida, quien parece tener una vida, si no perfecta, aceptablemente buena, resulta que no es feliz.
Y quien no es feliz tiene dos caminos que seguir: quedarse como está o preguntarse si puede hacer algo para cambiarlo.
En mi caso fue fácil descubrir el origen de mi infelicidad. Todo en mi vida iba muy bien salvo el hecho de no poder estar cuando quisiera con mi pareja, a quien le dio por nacer a varios km de distancia de mi.
Así que, volviendo a hace casi dos años, y al giro radical que me estaba planteando, me dio por decir en voz alta lo que llevaba pensando como imposible durante muchos meses: y si me voy a vivir con él, dejo mi familia, mis amigos, mi universidad, intento no dejar mi carrera, y estoy con la persona que hará que sea feliz?
Pues resulta que el
susodicho está aún más loco que yo y me dijo que sí, así, sin pensar. Pues
vale.
No sé muy bien cómo, en
menos de 6 meses ya estaba instalada en un piso a muchos km de distancia de mi
casa, con una maleta enorme llena de todo lo que creía que necesitaba para
vivir y no echar demasiado de menos mi vida anterior, haciendo trámites para
cambiar de universidad (y para descubrir que el suicidio o el asesinato nunca
deben descartarse), con mucha ilusión y, para que negarlo, un poquito de miedo.
Desde el principio tenía
claro por qué lo hacía y por qué debía hacerlo. En mi cabeza bailaba un
argumento de tanto peso que era imposible rechazármelo a mi misma. Por suerte,
mis padres, que eran los que podían decir la última palabra, decidieron que el
argumento era lo suficientemente bueno: si
por culpa de irme tengo problemas con la carrera, con los estudios, no pasa
nada, porque para seguir estudiando, lo que sea, siempre hay tiempo. Para estar
con la persona de tu vida, a veces no.
Entre pitos y flautas ya
casi han pasado dos años de aquella decisión y, con la perspectiva que te da el
tiempo, sé que tome el camino correcto porque era el único del cuál no podría
arrepentirme nunca.
Sin embargo, hay días en los que te dicen que tienes que pagar un curso más en la universidad porque no te reconocen todas las asignaturas hechas hasta el momento, o hay días que abres el armario de la habitación y descubres que fue comprado desde la visión de necesidades de un soltero antiestética, o hay días que quieres compartir una receta o un cotilleo con tu madre y el teléfono se vuelve insuficiente, o hay días que te tienes que conformar con el whatsapp para hablar con tu hermano… pero bueno, no te sientes tan mal porque sabes que aquí no eres tú quien te has ido, sino que él ha hecho lo mismo, osea que no te preocupas [;-)], o hay días que te gustaría olvidarte de los números de tu cuenta corriente y no puedes porque no tienes a tu padre, protector económico número uno, al lado, o hay días en que… te vas a dormir y sabes que incluso con todas estas cosas, eres más feliz que hace dos años y sabes bien que la razón de ello es el ovillo con ojos que respira a tu lado.
Sin embargo, hay días en los que te dicen que tienes que pagar un curso más en la universidad porque no te reconocen todas las asignaturas hechas hasta el momento, o hay días que abres el armario de la habitación y descubres que fue comprado desde la visión de necesidades de un soltero antiestética, o hay días que quieres compartir una receta o un cotilleo con tu madre y el teléfono se vuelve insuficiente, o hay días que te tienes que conformar con el whatsapp para hablar con tu hermano… pero bueno, no te sientes tan mal porque sabes que aquí no eres tú quien te has ido, sino que él ha hecho lo mismo, osea que no te preocupas [;-)], o hay días que te gustaría olvidarte de los números de tu cuenta corriente y no puedes porque no tienes a tu padre, protector económico número uno, al lado, o hay días en que… te vas a dormir y sabes que incluso con todas estas cosas, eres más feliz que hace dos años y sabes bien que la razón de ello es el ovillo con ojos que respira a tu lado.
Pero pensando estos
últimos días en mi espinita clavada de estudiar enfermería y tal como están las
cosas últimamente, pienso en si algún día seré capaz de estudiar la carrera que
no puedo dejar atrás, y me viene a la cabeza el argumento de hace dos años,
concretamente la parte de que para estudiar siempre hay tiempo, pero resulta
que fuera del éxtasis de poner patas arriba tu mundo, el argumento sigue siendo
válido pero un poco menos terrenal.
Pero qué cosas tiene la vida, resulta que tienes una súper madre que decide, a sus 52 años, volver a ponerse a estudiar, a levantarse a las 7 cada día, a volver por la tarde y no mirar la tele o planchar porque tiene que estudiarse el cuerpo humano o las cuentas, como ella se refiere a las matemáticas. Y, entonces, vuelve a venir tu propio argumento a la cabeza, y tu rechazo momentáneo por poco factible se ríe en tu cara con un gesto de reprobación.
Pero qué cosas tiene la vida, resulta que tienes una súper madre que decide, a sus 52 años, volver a ponerse a estudiar, a levantarse a las 7 cada día, a volver por la tarde y no mirar la tele o planchar porque tiene que estudiarse el cuerpo humano o las cuentas, como ella se refiere a las matemáticas. Y, entonces, vuelve a venir tu propio argumento a la cabeza, y tu rechazo momentáneo por poco factible se ríe en tu cara con un gesto de reprobación.
Si tú puedes volver a estudiar
después de tantísimos años, mamá, y sin ninguna razón más poderosa que las
ganas de aprender y mejorar como persona, yo también podré, algún día. Gracias
por recordármelo.
A todos los que hacéis
posible que escriba esto mirando el armario de soltero y no desde la capital
del reino, gracias. Y a ti, ovillo con ojos que respira, gracias, pero por
existir.
FELIZ NAVIDAD!
jueves, 15 de noviembre de 2012
Política: tenemos que recuperar la esencia
Soy consciente de que
este blog estaba dando señales claras de muerte inminente, pero me he propuesto
ponerle un chute de adrenalina a ver si va aguantando un poco más. Sé que
muchos al leer el título pensarán que he confundido el bote de adrenalina por
el bote de algún somnífero potente. Cuestión de pareceres.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente a ver si había alguna entrada nueva, gracias. Sois gente con fe y esperanza, y eso es bonito.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente sólo para recordarme cuánto tiempo hacía que no escribía una entrada, que sepáis que si no eres Cristiano Ronaldo, es difícil que cuando te venga a la cabeza una reflexión o pensamiento, creas que es lo suficientemente interesante como para sentar tu culo en una silla y ponerte a escribir. Y no sólo escribirlo, sino publicarlo para que otros lo puedan leer.
Sigo sin creer que los post escritos hasta el momento y éste mismo sean dignos de mi tiempo para escribirlos y vuestro tiempo para leerlos, pero hay días en que tienes más ganas de marcha y menos ganas de hacer cosas de provecho por la humanidad.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente a ver si había alguna entrada nueva, gracias. Sois gente con fe y esperanza, y eso es bonito.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente sólo para recordarme cuánto tiempo hacía que no escribía una entrada, que sepáis que si no eres Cristiano Ronaldo, es difícil que cuando te venga a la cabeza una reflexión o pensamiento, creas que es lo suficientemente interesante como para sentar tu culo en una silla y ponerte a escribir. Y no sólo escribirlo, sino publicarlo para que otros lo puedan leer.
Sigo sin creer que los post escritos hasta el momento y éste mismo sean dignos de mi tiempo para escribirlos y vuestro tiempo para leerlos, pero hay días en que tienes más ganas de marcha y menos ganas de hacer cosas de provecho por la humanidad.
Tenía en mente crear un
nuevo post con algún tema que no hubiera toca hasta ahora. Y esta mañana,
mientras me tomaba los cereales, a mi cerebro le han venido ganas de pensar en
política. Así es él. Y ahora ya es tarde para reclamar a fábrica.
Se acercan elecciones.
Concretamente a Catalunya y en pocas semanas. Con la segunda cucharada de Corn
Flakes pensaba en porqué tanta gente ha perdido la ilusión en la vida política,
si es que alguna vez la ha tenido.
Yo no le voy a poner un nombre de tertuliano medio tipo “desafección política”, porque queda muy guay pero no viene a decir nada. Mi estilo inexistente consiste en ir tirando reflexiones como caigan y si el lector está mínimamente interesado alguna pillará. Si no pilla ninguna aun estando interesado quizá sí que debería plantearme certificar día y hora de la muerte de este seguidísimo blog.
Vamos allá.
Yo no le voy a poner un nombre de tertuliano medio tipo “desafección política”, porque queda muy guay pero no viene a decir nada. Mi estilo inexistente consiste en ir tirando reflexiones como caigan y si el lector está mínimamente interesado alguna pillará. Si no pilla ninguna aun estando interesado quizá sí que debería plantearme certificar día y hora de la muerte de este seguidísimo blog.
Vamos allá.
Para empezar quiero
aclarar, por si alguno de los que lee lo está pensando o lo ha pensado ya, que
ser apolítico es ser una ameba. Ni es guay, ni significa lo que la gente que normalmente
se lo autoadjudica como etiqueta social
quiere que signifique, ni es verdad en términos objetivos.
La política no es leer periódicos, ni ver debates, ni ir a votar, ni creerte a los políticos o que te guste alguno, que también. La política lo es TODO. Es política que el parque de tu barrio tenga carril bici o no, que permita entrada de perros o no. Es política si en una ciudad hay un hospital, dos o ninguno. Es política que la línea de autobuses pase cerca de tu casa o no. Es política lo que cobras por trabajar. Es política que en el hospital te hagan una resonancia o no te la hagan. Es política que te puedas comprar la camiseta que lleva todo el mundo del zara.
Política son decisiones, la mayoría de veces no mediáticas ni totalmente determinantes para la vida de los individuos. Etimológicamente (y que me perdonen los entendidos) vendría a ser la manera en la que se organizan las ciudades; adaptado a nuestra era, la manera en la que organizamos nuestra vida en sociedad.
Por tanto, como el señor Punset dice que somos seres sociales, no sois apolíticos. O sí, si sois amebas ermitañas, pero no porque no queráis votar o no os guste ver a los políticos por la tele.
La política no es leer periódicos, ni ver debates, ni ir a votar, ni creerte a los políticos o que te guste alguno, que también. La política lo es TODO. Es política que el parque de tu barrio tenga carril bici o no, que permita entrada de perros o no. Es política si en una ciudad hay un hospital, dos o ninguno. Es política que la línea de autobuses pase cerca de tu casa o no. Es política lo que cobras por trabajar. Es política que en el hospital te hagan una resonancia o no te la hagan. Es política que te puedas comprar la camiseta que lleva todo el mundo del zara.
Política son decisiones, la mayoría de veces no mediáticas ni totalmente determinantes para la vida de los individuos. Etimológicamente (y que me perdonen los entendidos) vendría a ser la manera en la que se organizan las ciudades; adaptado a nuestra era, la manera en la que organizamos nuestra vida en sociedad.
Por tanto, como el señor Punset dice que somos seres sociales, no sois apolíticos. O sí, si sois amebas ermitañas, pero no porque no queráis votar o no os guste ver a los políticos por la tele.
Respecto a por qué la
gente tiene este sentimiento derrotista, esta desilusión permanente respecto a
la clase política, la devaluación del acto de ir a votar; la responsabilidad es
claramente de políticos y ciudadanos. No sólo hay un bando “culpable”.
Es cierto que los
políticos son en una muy buena parte responsables. Han perdido en algún sitio
el sentido y objetivo de su profesión (no todos, ojo).
Mucha gente que acaba siendo política de primera línea (no son sólo políticos los que salen por la tele), lo son por tener una idea de sociedad, de país, y querer llevarla a cabo, tener el poder que permita llevarla a cabo.
Esto está bien en parte, ya que te aseguras gente ambiciosa, con ganas de trabajar, con objetivos, ideas propias, valientes, etc.
Pero está mal porque hay un fallo de concepto. El objetivo de un político no es servirse a si mismo, servir a la idea previa que tenía sobre cómo quería que fuera la sociedad en la que vivía.
El objetivo de un político es servir al pueblo (frase tan prostituida que sólo de escribirla me arrepiento de tener que decirla). Y servir al pueblo significa hacer una propuesta, mostrar tu plan de acción. Y permitir que el pueblo, libremente, te lo “compre” o pase de él y “compre” el de otro político. Y tú como político debes tener el valor de no caer en el desprecio y minusvaloración de las ideas del político ganador, osea el desprecio a las ideas que persigue el pueblo, y de apuntar qué ha comprado la sociedad, e intentar que tu próximo plan de ruta sea lo más parecido posible a lo que el pueblo prefiere, aunque tengas que renunciar a tu idea soñada de sociedad, y aunque creas que el pueblo se equivoca y que tu idea es mejor.
Mucha gente que acaba siendo política de primera línea (no son sólo políticos los que salen por la tele), lo son por tener una idea de sociedad, de país, y querer llevarla a cabo, tener el poder que permita llevarla a cabo.
Esto está bien en parte, ya que te aseguras gente ambiciosa, con ganas de trabajar, con objetivos, ideas propias, valientes, etc.
Pero está mal porque hay un fallo de concepto. El objetivo de un político no es servirse a si mismo, servir a la idea previa que tenía sobre cómo quería que fuera la sociedad en la que vivía.
El objetivo de un político es servir al pueblo (frase tan prostituida que sólo de escribirla me arrepiento de tener que decirla). Y servir al pueblo significa hacer una propuesta, mostrar tu plan de acción. Y permitir que el pueblo, libremente, te lo “compre” o pase de él y “compre” el de otro político. Y tú como político debes tener el valor de no caer en el desprecio y minusvaloración de las ideas del político ganador, osea el desprecio a las ideas que persigue el pueblo, y de apuntar qué ha comprado la sociedad, e intentar que tu próximo plan de ruta sea lo más parecido posible a lo que el pueblo prefiere, aunque tengas que renunciar a tu idea soñada de sociedad, y aunque creas que el pueblo se equivoca y que tu idea es mejor.
Y éste no es un
aprendizaje único y exclusivo para políticos, sino para el ser humano que
quiera vivir en democracia; no, para el ser humano en general que quiera
evolucionar y no extinguirse como especie. O aprendes a manejar tus
expectativas y reajustarlas si la cosa tira hacia un lado diferente al que
pensabas, o te quedas fuera.
Pero como decía, la culpa
no sólo es de los políticos. Los políticos han perdido su esencia en parte
también porque nosotros hemos perdido la nuestra y hemos permitido que ellos la
pierdan.
Se os ha olvidado lo que quería decir ser ciudadano libre y con derecho a voto. Si tengo el día pesimista me da por pensar que muchos nunca han aceptado las condiciones que esta etiqueta llevaba implícitas. Y otros muchos, incluso sabiéndolo, nunca la han querido aceptar.
Pero si tengo el día bueno, quiero pensar que es que se nos ha olvidado, como a aquellas parejas que se querían antes, pero que ahora ya no se acuerdan de por qué o cómo se demostraba.
Se os ha olvidado lo que quería decir ser ciudadano libre y con derecho a voto. Si tengo el día pesimista me da por pensar que muchos nunca han aceptado las condiciones que esta etiqueta llevaba implícitas. Y otros muchos, incluso sabiéndolo, nunca la han querido aceptar.
Pero si tengo el día bueno, quiero pensar que es que se nos ha olvidado, como a aquellas parejas que se querían antes, pero que ahora ya no se acuerdan de por qué o cómo se demostraba.
Y aun no queriendo ser
simplista, inevitablemente muchas cosas se me reducen al voto. Hemos
infravalorado tantísimo su valor, hemos olvidado tanto el significado que tiene
realmente, que ahora mismo decir que irás a votar es casi una ofensa para el
que te escucha, y una ofensa para ti mismo.
Ir a votar es muy
importante. Yo lo veo como depositar en una urna la copia de una llave de
acceso a tu mundo como individuo. Todas esas decisiones cotidianas de las que hablaba
antes y que nos afectan en menor o mayor medida cada día, y también todas esas
decisiones de gran calibre que sólo hay que tomar de vez en cuando, dependen de
la confianza que depositas a un determinado grupo de personas yendo a votar.
Les estás dando un poder grandioso, el poder de servirte a ti como ciudadano,
el poder de velar por tu bienestar y tu progreso. El poder de escucharte.
Y que nada de eso sea como esperábamos no sólo es culpa de que el político es un capullo y nos ha engañado. También es responsabilidad nuestra, primero por no depositar nuestro voto sabiendo que lleva implícito todo esto, y cuantas más esperanzas depositas, más decepciones te puedes llevar; también es responsabilidad nuestra que cuando nos decepcionan, nos quedemos sentados y quejándonos porque no han cumplido.
Dos problemas: uno, no les hemos dejado claro a nuestros políticos que significaba que les votásemos. No significaba manga ancha o elogios a lo que bien que les sienta la corbata. Significaba dejarles ser nuestros representantes; y dos, si una vez dejado claro no cumplen, se tienen que ir a la calle.
Aquí entraría en juego el bello arte de dimitir, el cuál no sólo depende de la moral del político que puede o no hacerlo, sino de la presión moral que ejerce la sociedad para obligarle a hacerlo.
Y que nada de eso sea como esperábamos no sólo es culpa de que el político es un capullo y nos ha engañado. También es responsabilidad nuestra, primero por no depositar nuestro voto sabiendo que lleva implícito todo esto, y cuantas más esperanzas depositas, más decepciones te puedes llevar; también es responsabilidad nuestra que cuando nos decepcionan, nos quedemos sentados y quejándonos porque no han cumplido.
Dos problemas: uno, no les hemos dejado claro a nuestros políticos que significaba que les votásemos. No significaba manga ancha o elogios a lo que bien que les sienta la corbata. Significaba dejarles ser nuestros representantes; y dos, si una vez dejado claro no cumplen, se tienen que ir a la calle.
Aquí entraría en juego el bello arte de dimitir, el cuál no sólo depende de la moral del político que puede o no hacerlo, sino de la presión moral que ejerce la sociedad para obligarle a hacerlo.
Pero bien, no quiero
tocar tantos temas porque si no quedará más espeso que un discurso radiofónico
de Eduardo Martín de Pozuelo (guiño especial a mis suegros).
Sólo quiero hacer dos
apuntes más. Uno es en referencia a los partidos más minoritarios. Nos quejamos
mucho del bipartidismo instaurado en España (en Catalunya no es tan bestia, y
es curioso ver cómo se gestiona la diferencia), pero no caemos en la conclusión
de que parte de culpa también la tienen los partidos más pequeños. Si un señor,
con su partido, que decide presentarse como candidato a presidente de un país,
no se cree con posibilidades de serlo, no crea un programa electoral dirigido a
un posible gobierno real, no le puede pedir al ciudadano medio que crea en él
más de lo que cree él en si mismo.
El último apunte es sobre
la ambigüedad en el discurso político. Al final, si te paras a analizar qué
quiere decir cada político cuando habla, qué discurso, en sentido figurado,
sostiene cada partido en referencia a diversos temas, consigues entenderlo y situar
a cada uno donde toca.
El problema es no tener el valor de expresar una opinión de manera clara y sencilla.
En la ambigüedad se vive estupendamente. No tienes por qué mojarte nunca, estás situado pero si te sitúan demasiado te quejas de que se te malinterpreta. Dices cosas a medias para contentar a todos aquellos situados en el rango al que te interesa dirigirte. A los que quedan totalmente fuera del rango, sí, les hablas claramente, con desprecio cristalino.
Lo que no se le puede pedir es a la señora María, que ya le cuesta entender cada día las noticias y que no acabó los estudios, pero que va cada domingo de elecciones religiosamente a votar, que lo siga haciendo sin entender qué narices le estás explicando (o vendiendo).
Si por ser claro resulta que pierdes votos de los que se mueven en la ambigüedad constante, te aguantas. Pero al menos estás siendo lo suficientemente valiente y digno de tu cargo como para ofrecer tu opinión sobre temas claves sin tapujos.
El problema es no tener el valor de expresar una opinión de manera clara y sencilla.
En la ambigüedad se vive estupendamente. No tienes por qué mojarte nunca, estás situado pero si te sitúan demasiado te quejas de que se te malinterpreta. Dices cosas a medias para contentar a todos aquellos situados en el rango al que te interesa dirigirte. A los que quedan totalmente fuera del rango, sí, les hablas claramente, con desprecio cristalino.
Lo que no se le puede pedir es a la señora María, que ya le cuesta entender cada día las noticias y que no acabó los estudios, pero que va cada domingo de elecciones religiosamente a votar, que lo siga haciendo sin entender qué narices le estás explicando (o vendiendo).
Si por ser claro resulta que pierdes votos de los que se mueven en la ambigüedad constante, te aguantas. Pero al menos estás siendo lo suficientemente valiente y digno de tu cargo como para ofrecer tu opinión sobre temas claves sin tapujos.
En fin, cambiar todo este
giro social es complicado, no se consigue de la noche a la mañana. Sólo quiero
reflejar mi más profunda esperanza y optimismo de que esto no tiene por qué ser
así siempre. Soy consciente de que mi discurso suena romántico y propio de
estar entrando en la veintena, pero resulta que si me espero a hacer esta
reflexión para cuando esté asqueada de todo, algunos de mis seguidores habrán
muerto antes de saber si abandoné realmente el blog o es que hago períodos de
descanso prolongado.
Y no, no pienso pedir a nadie que vaya a votar
en las próximas elecciones. Básicamente porque tras lo dicho en todo mi
escrito, creo que sólo deberíamos votar cuando tengamos bien claro qué estamos
haciendo al meter un papelito en una urna de cristal, qué significa la palabra
política, y cuál es el verdadero trabajo del señor que sale en traje por la
tele y al que (casi) todos critican.
P.D.: Revisando el número
de páginas que me ha ocupado esto en el word, soy totalmente comprensiva si
alguno se ha quedado en la segunda línea y ha borrado definitivamente el enlace
del blog de favoritos. Yo debería hacerlo también.
martes, 4 de septiembre de 2012
Salir de compras o salir de fiesta?
Mis neuronas están descansando en su tierra de origen. Volverán igual de fritas, éso seguro, pero al menos con un frito un pelín más saludable, porque comenzaban a estar requemadas.
Básicamente nos estamos dedicando a dormir más de lo habitual, recordar lo que es vivir con una madre al lado (la naturaleza es sabia), y salir de fiesta.
Si me conocéis, sabréis que una de las tres cosas seguramente sea mentira. Realmente lo es, porque las fiestas y yo estamos en polos opuestos. Pero ayer tuve la sensación de estar haciendo la ruta del bakalao.
Lunes por la tarde, madre e hija se dirigen a pasar unas bonitas horas llenas de amor y consumismo. Centro comercial, vestidas de verano. Estamos situados.
Entrar a las tiendas es toda una experiencia sensorial:
- Frío: probarte un jersey o una bufanda de nueva temporada se convierte en el placer más absoluto. Podríamos haber comprado en el super unas barritas de merluza pescanova para cenar y no se nos hubieran descongelado, con éso lo digo todo.
- Oscuridad: en las cuevas de Altamira hay más luz que en un pull&bear. No distingues ni formas ni colores.
Según mi madre, hecho a propósito para comprar al tuntún. Vale, sí, pero si se pasan igual la jugada les sale mal porque las chicas consumistas ya estamos atontadas, ya, pero si al llegar a casa descubres un jersey de hombre en lugar del vestido vaquero que querías, igual lo acabas descambiando (o no, y te pones el jersey a modo de vestido, un cinturón apretado, y te conviertes en it girl).
- Música: dicen que la música amansa a las fieras, pero la música de cabecera de las tiendas de ropa consiguen más bien sacarme la fiera que llevo dentro.
Todo el mundo conoce al típico alternativillo que te dice "en las discotecas no se puede hablar, está la música muy alta". Muy bien, y en el cine no se puede leer, porque están las luces apagadas.
Pero claro, vamos bien si ahora resulta que en las tiendas de ropa tampoco se puede hablar, donde la figura del "consultor" es básica (básicamente madres o amigas, a las que nunca haces caso con su consejo, y la única diferencia que hay entre ellas es que a unas se lo dices abiertamente, y a otras se lo maquillas en plan "es muy mono, pero más para ti que para mi, yo no me veo").
Yo creo que llegará el día en que tengamos que relacionarnos con gestitos, tipo ligue de discoteca: si me guiñas el ojo, quieres una talla más. Si me tiras un beso, menos. Si me sonríes pavoneándote, que te lo compre porque tú no tienes pasta.
Evidentemente ésto sería posible sólo en tiendas donde el fenómeno Altamira no haya triunfado aún.
Lo que tengo claro es que la próxima vez que vaya a comprar, pienso pedir un cubata con el ticket de compra. Ya que me hacen pagar 20 euros por un trozo de tela que ha fabricado una niña china por 5 céntimos, al menos que me incluyan una consumición.
Nada más por el momento. 4 horas y media de compras sólo han dado para una reflexión insulsa como ésta, pero es que lo de dormir más de lo habitual no era mentira, y estoy sufriendo un síndrome Cesc Fàbregas del que me costará desprenderme.
P.D.: Para la próxima entrada, id preparando horno y cocina, que llega la primera receta del blog. Y no, no son sesitos fritos.
Básicamente nos estamos dedicando a dormir más de lo habitual, recordar lo que es vivir con una madre al lado (la naturaleza es sabia), y salir de fiesta.
Si me conocéis, sabréis que una de las tres cosas seguramente sea mentira. Realmente lo es, porque las fiestas y yo estamos en polos opuestos. Pero ayer tuve la sensación de estar haciendo la ruta del bakalao.
Lunes por la tarde, madre e hija se dirigen a pasar unas bonitas horas llenas de amor y consumismo. Centro comercial, vestidas de verano. Estamos situados.
Entrar a las tiendas es toda una experiencia sensorial:
- Frío: probarte un jersey o una bufanda de nueva temporada se convierte en el placer más absoluto. Podríamos haber comprado en el super unas barritas de merluza pescanova para cenar y no se nos hubieran descongelado, con éso lo digo todo.
- Oscuridad: en las cuevas de Altamira hay más luz que en un pull&bear. No distingues ni formas ni colores.
Según mi madre, hecho a propósito para comprar al tuntún. Vale, sí, pero si se pasan igual la jugada les sale mal porque las chicas consumistas ya estamos atontadas, ya, pero si al llegar a casa descubres un jersey de hombre en lugar del vestido vaquero que querías, igual lo acabas descambiando (o no, y te pones el jersey a modo de vestido, un cinturón apretado, y te conviertes en it girl).
- Música: dicen que la música amansa a las fieras, pero la música de cabecera de las tiendas de ropa consiguen más bien sacarme la fiera que llevo dentro.
Todo el mundo conoce al típico alternativillo que te dice "en las discotecas no se puede hablar, está la música muy alta". Muy bien, y en el cine no se puede leer, porque están las luces apagadas.
Pero claro, vamos bien si ahora resulta que en las tiendas de ropa tampoco se puede hablar, donde la figura del "consultor" es básica (básicamente madres o amigas, a las que nunca haces caso con su consejo, y la única diferencia que hay entre ellas es que a unas se lo dices abiertamente, y a otras se lo maquillas en plan "es muy mono, pero más para ti que para mi, yo no me veo").
Yo creo que llegará el día en que tengamos que relacionarnos con gestitos, tipo ligue de discoteca: si me guiñas el ojo, quieres una talla más. Si me tiras un beso, menos. Si me sonríes pavoneándote, que te lo compre porque tú no tienes pasta.
Evidentemente ésto sería posible sólo en tiendas donde el fenómeno Altamira no haya triunfado aún.
Lo que tengo claro es que la próxima vez que vaya a comprar, pienso pedir un cubata con el ticket de compra. Ya que me hacen pagar 20 euros por un trozo de tela que ha fabricado una niña china por 5 céntimos, al menos que me incluyan una consumición.
Nada más por el momento. 4 horas y media de compras sólo han dado para una reflexión insulsa como ésta, pero es que lo de dormir más de lo habitual no era mentira, y estoy sufriendo un síndrome Cesc Fàbregas del que me costará desprenderme.
P.D.: Para la próxima entrada, id preparando horno y cocina, que llega la primera receta del blog. Y no, no son sesitos fritos.
lunes, 20 de agosto de 2012
Seguimos vivas... las neuronas y yo
Tras un largo período de relax post Irlanda, aquí estoy otra vez, escribiendo en este interesantísimo blog.
Y, ojo, no lo digo yo, lo dice mi señor padre, que tan interesante encuentra mis escritos, que ha editado un libro con ellos, que va pasando de familiar en familiar.
Cuando supe la noticia me sentí ciertamente abrumada, pero poco a poco voy asimilando la fama, y ya estoy preparada para atender a los medios de comunicación.
Desde que llegué de Irlanda, no he parado de maldecir la temperatura de tierras catalanas. Siempre se desea lo que no se tiene: estando allí, quería sol; estando aquí, prefiero la temperatura irlandesa.
De lo que estoy segura es de que este calor a mi no me va bien. Dentro de poco tendré que editar el nombre del blog y pasar de neuronas fritas a neuronas derretidas.
De provecho no he hecho nada en estos días. Básicamente me han servido para comprobar que hay ciertos comportamientos que, si los dejas de hacer durante unos años, pierdes totalmente el conocimiento sobre ellos.
Ejemplo claro: ir a la playa.
Hace unas semanas, mi compañero de viaje vital y yo nos dispusimos a hacer una excursión vespertina a la playa. Íbamos buscando una playita pequeña, con poca gente, sitio para aparcar, etc.
Éso era lo que, una amable fuente de información cercana, nos había comentado. En el momento justo de llegar allí entendí lo que deben sentir los periodistas cuando su fuente les traiciona.
Una playa grande, un aparcamiento absolutamente lleno de coches y más gente que en Cortilandia.
Pero nuestra desgracia podía ser aún mayor: todo el mundo parecía haber vivido todos los años de su vida en una playa. Nadie desentonaba... menos nosotros.
La ceremonia de inserción sombrillil, toda una ventura. Saber si sentarnos, tumbarnos, con ropa, sólo con el bañador, si bañarnos al llegar, leer, hablar, no hablar, dejar las cosas en la sombrilla o quedarnos vigilándola siempre, etc. Todo un sinfín de cuestiones que, para los no experimentados, resultan de lo más cultivadoras.
Resumiré la experiencia con una sencilla frase: esta semana teníamos que repetir la excursión pero decidimos que estaríamos mucho mejor en una casa sin aire acondicionado en plena ola de calor y con un ejército de mosquitos acechándonos.
Con éso creo que está todo dicho.
A parte de ésto, también nos apeteció hacer este viernes pasado una incursión al mundo guiri. Barcelona, 17 de agosto, autobús turístico. No digo más.
Fue un paseo nocturno de lo más interesante, donde pudimos comprender por qué hay tan poca gente que sepa más de dos idiomas.
Nuestra amable guía turística hablaba, que supiéramos, 5 lenguas. En el currículum quedará impresionante, pero si en la realidad te hace decir frases tan esperpénticas como: "So entonces a la dreta", casi que ya no me siento tan mal.
Y después de comprobar que una ciudad podía ser muy anciana, volvimos a casa.
Y, para acabar esta innecesariamente larga e insulsa entrada, decir que ayer el barça comenzó la liga. Como dato ya sé que no es demasiado impactante, pero no me quedaría satisfecha sin comentarlo.
Cuando acaba una etapa tan extraordinaria, tienes el miedo de pensar que ha sido un paréntesis, que no ha sido nada más que un sueño y que, al cerrar el paréntesis, todo volverá a la normalidad.
Pero no. Ayer un 5-1 jugando espectacularmente bien casi sin despeinarse fue el ejemplo de por qué no podíamos dudar tras la dramática rueda de prensa del adiós de Pep. Hubo más lágrimas y estados depresivos que con la muerte de Chanquete, pero poco a poco nos vamos consolando.
Tengo la sensación de que será una temporada más terrenal, y que si seguimos jugando tan bien, y teniendo la suerte de ganar alguna cosa, aún valoraremos más el trabajo tan extraordinario de este equipo, porque, si no, corremos el riesgo de creer que ha sido algo puntual vinculado a una única persona, olvidando que sin el trabajo y esfuerzo de todos estos chicos que hacen soñar al más escéptico, el sueño no se hubiera hecho nunca realidad.
Aquí acaba mi regreso bloguil. Ahora es cuando desearíais volver atrás y no pronunciar aquellas palabras: "tienes que volver a escribir en el blog, no lo dejes".
Tranquilos, con suerte, os dejaré unos cuantos días de descanso.
Y, ojo, no lo digo yo, lo dice mi señor padre, que tan interesante encuentra mis escritos, que ha editado un libro con ellos, que va pasando de familiar en familiar.
Cuando supe la noticia me sentí ciertamente abrumada, pero poco a poco voy asimilando la fama, y ya estoy preparada para atender a los medios de comunicación.
Desde que llegué de Irlanda, no he parado de maldecir la temperatura de tierras catalanas. Siempre se desea lo que no se tiene: estando allí, quería sol; estando aquí, prefiero la temperatura irlandesa.
De lo que estoy segura es de que este calor a mi no me va bien. Dentro de poco tendré que editar el nombre del blog y pasar de neuronas fritas a neuronas derretidas.
De provecho no he hecho nada en estos días. Básicamente me han servido para comprobar que hay ciertos comportamientos que, si los dejas de hacer durante unos años, pierdes totalmente el conocimiento sobre ellos.
Ejemplo claro: ir a la playa.
Hace unas semanas, mi compañero de viaje vital y yo nos dispusimos a hacer una excursión vespertina a la playa. Íbamos buscando una playita pequeña, con poca gente, sitio para aparcar, etc.
Éso era lo que, una amable fuente de información cercana, nos había comentado. En el momento justo de llegar allí entendí lo que deben sentir los periodistas cuando su fuente les traiciona.
Una playa grande, un aparcamiento absolutamente lleno de coches y más gente que en Cortilandia.
Pero nuestra desgracia podía ser aún mayor: todo el mundo parecía haber vivido todos los años de su vida en una playa. Nadie desentonaba... menos nosotros.
La ceremonia de inserción sombrillil, toda una ventura. Saber si sentarnos, tumbarnos, con ropa, sólo con el bañador, si bañarnos al llegar, leer, hablar, no hablar, dejar las cosas en la sombrilla o quedarnos vigilándola siempre, etc. Todo un sinfín de cuestiones que, para los no experimentados, resultan de lo más cultivadoras.
Resumiré la experiencia con una sencilla frase: esta semana teníamos que repetir la excursión pero decidimos que estaríamos mucho mejor en una casa sin aire acondicionado en plena ola de calor y con un ejército de mosquitos acechándonos.
Con éso creo que está todo dicho.
A parte de ésto, también nos apeteció hacer este viernes pasado una incursión al mundo guiri. Barcelona, 17 de agosto, autobús turístico. No digo más.
Fue un paseo nocturno de lo más interesante, donde pudimos comprender por qué hay tan poca gente que sepa más de dos idiomas.
Nuestra amable guía turística hablaba, que supiéramos, 5 lenguas. En el currículum quedará impresionante, pero si en la realidad te hace decir frases tan esperpénticas como: "So entonces a la dreta", casi que ya no me siento tan mal.
Y después de comprobar que una ciudad podía ser muy anciana, volvimos a casa.
Y, para acabar esta innecesariamente larga e insulsa entrada, decir que ayer el barça comenzó la liga. Como dato ya sé que no es demasiado impactante, pero no me quedaría satisfecha sin comentarlo.
Cuando acaba una etapa tan extraordinaria, tienes el miedo de pensar que ha sido un paréntesis, que no ha sido nada más que un sueño y que, al cerrar el paréntesis, todo volverá a la normalidad.
Pero no. Ayer un 5-1 jugando espectacularmente bien casi sin despeinarse fue el ejemplo de por qué no podíamos dudar tras la dramática rueda de prensa del adiós de Pep. Hubo más lágrimas y estados depresivos que con la muerte de Chanquete, pero poco a poco nos vamos consolando.
Tengo la sensación de que será una temporada más terrenal, y que si seguimos jugando tan bien, y teniendo la suerte de ganar alguna cosa, aún valoraremos más el trabajo tan extraordinario de este equipo, porque, si no, corremos el riesgo de creer que ha sido algo puntual vinculado a una única persona, olvidando que sin el trabajo y esfuerzo de todos estos chicos que hacen soñar al más escéptico, el sueño no se hubiera hecho nunca realidad.
Aquí acaba mi regreso bloguil. Ahora es cuando desearíais volver atrás y no pronunciar aquellas palabras: "tienes que volver a escribir en el blog, no lo dejes".
Tranquilos, con suerte, os dejaré unos cuantos días de descanso.
sábado, 30 de junio de 2012
Antes de empezar a sufrir, toca disfrutar
Por sufrir entiendo pasarme un mes en una ciudad europea a gastos pagados, aprendiendo un idioma, conociendo a gente nueva y viviendo en un buen apartamento con mi hermano. Sí, definitivamente éste es el primer mundo... el primer mundo en gilipolleces, concretamente.
Pero aceptando la idiosincrasia de nuestro mundo, sufriré. Para una persona como yo, osease, una inútil en las relaciones sociales, es bastante desagradable y estresante tener que enfrentarse a una situación donde todo es nuevo, donde el idioma que te rodea te queda bastante ajeno, donde valentía y desparpajo triunfan por encima de la vergüenza y la timidez, donde tienes que conocer gente que quizás no decidirías conocer en tu territorio y donde tendrás que vivir, tanto si te gusta como si no, un mes entero.
Por éso, ante semejante ataque a mi cerebro antigregario, he decidido (yo, y la persona que tendrá que aguantar mis quejas y sufrimientos por teléfono/internet durante todo el mes) pasar un bonito fin de semana de relax y placer en Barcelona.
Básicamente, el plan consistía en hacer un poquito de turismo, disfrutar de una bonita estancia en un hotel de 4 estrellas y, ante cualquier otra cosa, comer. Sí, digámoslo claro, hemos venido aquí este fin de semana a comer como si no hubiera un mañana: paella espectacular en la Barceloneta, con postre exquisito (y ultracalórico) después, cruassant espectacular y chocolate para merendar, y cena de nivel en el hotel; éso sí, con tres bolas de sorbete para desengrasar. Se ve que biomanan no les quedaba.
Y mañana domingo, desayuno buffet en el hotel, comida en un italiano y merienda en una cafetería ya elegida expresamente. Con un par.
El tema del turismo era la excusa perfecta para jalar sin remordimientos.
El tema del hotel... 4 estrellas: sí, pero no. El problema es el de muchos hoteles de este país: poner por delante siempre al turismo extranjero, y las sobras para los de aquí.
Y no, no me ha poseído el fantasma de Josep Anglada. La cosa es que si ves que la piscina del hotel, chulísima, en Barcelona y con 27 grados bien buenos, cierra a las 6 de la tarde... mal vamos. Cuando ves que el restaurante para cenar abre a las 8 de la tarde y cierra a las 10 y media... algo raro pasa. Que el desayuno acabe a las 10 y media... quizá sea más culpa de nuestra vaguería que del horario internacional, vale. Pero que la terracita del hotel para tomar una copa por la noche cierre a las 12 de la noche ya es para plantarse.
Todo ello con camareros y recepcionistas casi extrañados de que venga alguien hablando otro idioma que no sea el inglés, y extranjeros por todas partes.
Todo ésto es muy bonito pero hacen que el hotel en cuestión quede un poco alejado de esas 4 estrellas anunciadas.
Pero como aquí hemos dejado claro que hemos venido a comer, para ser justos, la cena era excelente.
Así que éso es todo, voy a disfrutar de mis últimas 24 horas de relax disponibles, antes de pasar a estresarme este lunes por cómo hacer una maleta para un mes entero con una limitación de peso de compañía low-cost. Bonito tema para comentar en otra entrada, por cierto. Lo del low-cost, no lo de la maleta.
Sed buenos, y comeos algo a mi salud.
Pero aceptando la idiosincrasia de nuestro mundo, sufriré. Para una persona como yo, osease, una inútil en las relaciones sociales, es bastante desagradable y estresante tener que enfrentarse a una situación donde todo es nuevo, donde el idioma que te rodea te queda bastante ajeno, donde valentía y desparpajo triunfan por encima de la vergüenza y la timidez, donde tienes que conocer gente que quizás no decidirías conocer en tu territorio y donde tendrás que vivir, tanto si te gusta como si no, un mes entero.
Por éso, ante semejante ataque a mi cerebro antigregario, he decidido (yo, y la persona que tendrá que aguantar mis quejas y sufrimientos por teléfono/internet durante todo el mes) pasar un bonito fin de semana de relax y placer en Barcelona.
Básicamente, el plan consistía en hacer un poquito de turismo, disfrutar de una bonita estancia en un hotel de 4 estrellas y, ante cualquier otra cosa, comer. Sí, digámoslo claro, hemos venido aquí este fin de semana a comer como si no hubiera un mañana: paella espectacular en la Barceloneta, con postre exquisito (y ultracalórico) después, cruassant espectacular y chocolate para merendar, y cena de nivel en el hotel; éso sí, con tres bolas de sorbete para desengrasar. Se ve que biomanan no les quedaba.
Y mañana domingo, desayuno buffet en el hotel, comida en un italiano y merienda en una cafetería ya elegida expresamente. Con un par.
El tema del turismo era la excusa perfecta para jalar sin remordimientos.
El tema del hotel... 4 estrellas: sí, pero no. El problema es el de muchos hoteles de este país: poner por delante siempre al turismo extranjero, y las sobras para los de aquí.
Y no, no me ha poseído el fantasma de Josep Anglada. La cosa es que si ves que la piscina del hotel, chulísima, en Barcelona y con 27 grados bien buenos, cierra a las 6 de la tarde... mal vamos. Cuando ves que el restaurante para cenar abre a las 8 de la tarde y cierra a las 10 y media... algo raro pasa. Que el desayuno acabe a las 10 y media... quizá sea más culpa de nuestra vaguería que del horario internacional, vale. Pero que la terracita del hotel para tomar una copa por la noche cierre a las 12 de la noche ya es para plantarse.
Todo ello con camareros y recepcionistas casi extrañados de que venga alguien hablando otro idioma que no sea el inglés, y extranjeros por todas partes.
Todo ésto es muy bonito pero hacen que el hotel en cuestión quede un poco alejado de esas 4 estrellas anunciadas.
Pero como aquí hemos dejado claro que hemos venido a comer, para ser justos, la cena era excelente.
Así que éso es todo, voy a disfrutar de mis últimas 24 horas de relax disponibles, antes de pasar a estresarme este lunes por cómo hacer una maleta para un mes entero con una limitación de peso de compañía low-cost. Bonito tema para comentar en otra entrada, por cierto. Lo del low-cost, no lo de la maleta.
Sed buenos, y comeos algo a mi salud.
lunes, 25 de junio de 2012
Todo empieza antes de acabar...
...y antes de vivir la maravillosa experiencia de dejar un blog a medias, que todo ser humano moderno debería experimentar, al menos, una vez en la vida, empezaré por crear uno.
En él, básicamente, dejaré ciertos comentarios, reflexiones y anécdotas bastante sosos en su mayoría. El objetivo por el cuál lo haré no está claro todavía.
Dentro de unos días me iré a vivir un mes a Dublín, y supongo que es una buena manera de mantener informado a mi entorno más cercano de cómo hago el ridículo intentando aprender un poco de inglés.
Si la experiencia sale bien, quizá a este blog le queden más meses de vida que el de mi estancia en Dublín.
Si la experiencia es un desastre, y las neuronas acaban más fritas que de costumbre, este blog se irá al limbo de los blogs, donde pajaritos y angelitos siempre tengan algo interesante que transmitir al mundo...
Nos vemos!
En él, básicamente, dejaré ciertos comentarios, reflexiones y anécdotas bastante sosos en su mayoría. El objetivo por el cuál lo haré no está claro todavía.
Dentro de unos días me iré a vivir un mes a Dublín, y supongo que es una buena manera de mantener informado a mi entorno más cercano de cómo hago el ridículo intentando aprender un poco de inglés.
Si la experiencia sale bien, quizá a este blog le queden más meses de vida que el de mi estancia en Dublín.
Si la experiencia es un desastre, y las neuronas acaban más fritas que de costumbre, este blog se irá al limbo de los blogs, donde pajaritos y angelitos siempre tengan algo interesante que transmitir al mundo...
Nos vemos!
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