Queridos amigos y enemigos seguidores de este animado blog. He vuelto.
Quería subir varias recetas de las cuáles tengo fotos desde hace un tiempo, pero siempre me daba una pereza enorme. Para hacerlo un poco más entretenido, crearé varias entradas temáticas: cena romántica, cena de amigos y tres comidas del día a día.
Esta primera entrada será la de la cena romántica. Para empezar, aunque bien podría ser el postre, tenemos un cóctel muy bueno y refrescante. Después hay un primero llamativo y muy sabroso. Por último, un plato para los amantes de la cocina italiana: un fabuloso risotto que le saldría bien a cualquiera. Fácil y muy rico, ya lo veréis.
Allá vamos.
Cóctel de cava y papaia
Ingredientes:
1 papaia
1/2 mango
2 naranjas
Cava
Preparación:
Exprimimos las naranjas y reservamos el zumo en un vaso de la batidora. Pelamos la papaia y el mango y cortamos en trozos. Añadimos al vaso de la batidora junto con el zumo y trituramos.
Pasamos la mezcla por un colador dos veces (si no queda muy espeso). Metémos en la nevera hasta que esté muy frío.
Servimos la mezcla de frutas hasta llenar la mitad de una copa de cava. La otra mitad la llenamos con el cava bien frío. Mezclamos con una cucharita y a disfrutar!
Barcas de calabacín gratinadas
Ingredientes:
Un calabacín (2 personas)
Tomate frito
Gambas crudas sin pelar
Queso rallado para gratinar
Aceite
Preparación:
Pelamos las gambas y ponemos en una sartén las cabezas y las cáscaras con un buen chorro de aceite. Freímos aplastando bien las cabezas para extraer todo el jugo. Colamos y reservamos.
Pelamos el calabacín y lo abrimos por la mitad longitudinalmente. Vaciamos con un cuchillo la parte central dejando forma de barca. Ponemos las barcas a cocer hasta que estén tiernas pero sin que se lleguen a romper.
Sofreímos las gambas a trocitos junto con el calabacín que nos ha sobrado al hacer las barcas picado.
Colocamos las gambas y el calabacín en las barcas ya cocidas y escurridas y colocamos el queso por encima. Gratinamos hasta dorar.
Mezclamos el tomate frito caliente con el aceite de gambas.
Servimos poniendo tomate en el fondo del plato, encima la barca gratinada y encima un poco más de tomate.
Risotto de setas y calabacín
Antes de empezar con la receta, quería hacer un par de apuntes. El primer es sobre la elección de las setas. Yo prefiero utilizar setas deshidratadas, porque son más aromáticas que las frescas y más económicas. Pero se puede utilizar la seta que se quiera.
Segundo apunte y más importante. El risotto se define por dos claves: arroz suelto al dente y cremosidad. Parece mentira unir dos conceptos tan dispares, pero es la clave.
Respecto a la cremosidad, no se consigue con nata. De hecho, yo prácticamente no le echo nada, una pizca al final y a veces ni éso. La cremosidad se consigue gracias al almidón del arroz, de ir removiéndolo constantmente para que el grano deje salir el almidón y con éste consigamos la cremosidad.
Ingredientes:
Arroz
Setas variadas deshidratadas.
Parmesano rallado
1/2 calabacín
Vino blanco
Caldo suave de pollo
1/2 cebolla
2 alcachofas
Nata líquida
Perejil picado
Preparación:
Limpiamos bien las setas e hidratamos. Reservamos.
Picamos la cebolla muy fina o la trituramos. La sofreímos en una paellera. Añadimos el calabacín a trocitos y las setas y sofreímos hasta que estén bien hechas.
Calentamos en un cazo el caldo y mantenemos bien caliente todo el rato.
Añadimos el arroz a la paellera y sofreímos ligeramente. Añadimos el vino blanco (una copita) y dejamos reducir el alcohol.
Vamos añadiendo muy poco a poco el caldo, cazo a cazo. Añadimos uno y vamos removiendo el arroz. Cuando veamos que se va consumiendo, añadimos otro cazo sin dejar de remover. Así hasta que probemos el arroz y esté en el punto justo.
Si queremos, ahora es el momento de añador un chorrito pequeño de nata líquida y removemos bien.
Añadimos una buena cantidad de parmesano rallado (mejor si lo compramos entero y lo rallamos nosotros al momento) y mezclamos.
Servimos en el plato con un poco de perejil picado y unas alcachofas fritas.
sábado, 8 de junio de 2013
jueves, 21 de febrero de 2013
Tener metas o tener una vida
Siempre he sido mujer de futuro. He vivido casi la totalidad
de mi vida más preocupada por qué iba a hacer en los próximos años que en lo
que me estaba pasando en ese momento. Más ilusionada por saber cómo acabará el
libro que me estoy leyendo o la película que estoy viendo que de si me está
gustando; por conocer a qué me conducirá la carrera que estoy estudiando y no
por si estoy aprendiendo algo de provecho; o por cómo acabará la relación que ni
siquiera he empezado.
Y me gustaba. Y me hacía sentirme más feliz, porque soy la diosa de la planificación futura. No hay deseo o aspiración que se me resista. Ahora bien, gestionando el presente doy pena.
Y me gustaba. Y me hacía sentirme más feliz, porque soy la diosa de la planificación futura. No hay deseo o aspiración que se me resista. Ahora bien, gestionando el presente doy pena.
Soy desorganizada, perezosa, poco exaltada en la práctica y
mucho de pensamiento, y excesivamente responsable. Y con una gran capacidad
para pasar por la vida sin vivirla.
Y todo por las metas? Pues no. A ver, seamos serios, yo ya nací cansada, mi cerebro es caos puro y soy de género miedosmil. Pero lo de no aprovechar los momentos sí depende de mí claramente.
También lo llevo escrito en los genes, porque en mi casa todos somos así. Nos dan las llaves de un piso y ya pensamos qué cortinas vamos a ponerle al siguiente que nos compremos. Unos familiares nos anuncian su boda y pensamos en qué ropa vamos a llevar el día que firmen el divorcio. Somos así, lo primero es aceptarlo.
Y todo por las metas? Pues no. A ver, seamos serios, yo ya nací cansada, mi cerebro es caos puro y soy de género miedosmil. Pero lo de no aprovechar los momentos sí depende de mí claramente.
También lo llevo escrito en los genes, porque en mi casa todos somos así. Nos dan las llaves de un piso y ya pensamos qué cortinas vamos a ponerle al siguiente que nos compremos. Unos familiares nos anuncian su boda y pensamos en qué ropa vamos a llevar el día que firmen el divorcio. Somos así, lo primero es aceptarlo.
El problema es que no somos los únicos. Estamos en una
sociedad que exalta la planificación futura y criminaliza hasta los límites de
lo extremo a quien vive el día a día y no sabe ni qué va a cenar esa noche.
Y vale, vivir al día en la sociedad capitalista y consumista en la que estamos insertados igual no es la mejor solución a los problemas, pero una vez tengamos todos los ahorros de nuestra vida en un banco serio que los proteja [sic] y un buen plan de pensiones, podemos empezar a vivir un poco más en el presente.
Y vale, vivir al día en la sociedad capitalista y consumista en la que estamos insertados igual no es la mejor solución a los problemas, pero una vez tengamos todos los ahorros de nuestra vida en un banco serio que los proteja [sic] y un buen plan de pensiones, podemos empezar a vivir un poco más en el presente.
A ver, que no hace falta que me lo digáis, que tengo el
doctorado en vivir en el futuro, que ya sé que es más fácil y te evitas muchos
malos rollos. Que pensar en la mierda de situación que estamos viviendo es
duro, que enfrontar los problemas de ahora y no pensar en las soluciones que
posiblemente nunca llegaran, pero que nos ilusionan mucho a todos, es
desesperanzador. Y que qué leches, que pensar en cómo será tu vida siempre es
divertido, porque como en el imaginario no entran factores como enfermedades,
accidentes, despidos, malas noticias, etc. todo es de color de rosa. Y,
sobretodo, sobretodo, “tener metas
significa progresar”.
Ep, cuidado. No os dejéis engañar por la frase de cabecera
de cualquier recién salido de ESADE. Tener metas no sirve de una mierda. Porque
resulta que todas aquellas cosas que en la imaginación no juegan un papel
protagonista, en la vida real golpean hasta al más pintado.
Ep, pero sirven para tener un rumbo y, llegado el momento, dirán, saber qué camino elegir. Pues no. Porque si llega ese momento, en ese momento podrás tomar la decisión exactamente igual que años a. Es más, tomarás seguramente una decisión bastante más acertada (si es que se puede hablar de decisiones acertadas de per se), porque conocerás todos los argumentos y circunstancias del momento.
Es más, y aquí viene cuando se desmorona la idea definitivamente: cuando llegue el famoso momento, serás una persona sustancialmente diferente a la que eres ahora y, por tanto, tus motivaciones también lo serán.
Ep, pero sirven para tener un rumbo y, llegado el momento, dirán, saber qué camino elegir. Pues no. Porque si llega ese momento, en ese momento podrás tomar la decisión exactamente igual que años a. Es más, tomarás seguramente una decisión bastante más acertada (si es que se puede hablar de decisiones acertadas de per se), porque conocerás todos los argumentos y circunstancias del momento.
Es más, y aquí viene cuando se desmorona la idea definitivamente: cuando llegue el famoso momento, serás una persona sustancialmente diferente a la que eres ahora y, por tanto, tus motivaciones también lo serán.
Y a ver, que ahora no quiero negaros el derecho a planificar
viajes que queréis hacer o planes que queráis llevar a cabo. Sé que soy
irresistiblemente influyente y que este blog es manual vital de multitud de
almas desamparadas. Pero no, no quiero abusar de mi poder. Podéis seguir
haciendo planes hasta el fin de vuestros días.
Pero yo intentaré dejar de hacerlo (tanto). Será una lucha interna importante y dura. Seguramente mi yo soñadora me dejará la cara hecha un cromo y ella no se lleve ni un rasguño. Puede ser, pero prefiero no adelantar acontecimientos, aunque empezar el reto con semejante paradoja tiene su punto.
Pero yo intentaré dejar de hacerlo (tanto). Será una lucha interna importante y dura. Seguramente mi yo soñadora me dejará la cara hecha un cromo y ella no se lleve ni un rasguño. Puede ser, pero prefiero no adelantar acontecimientos, aunque empezar el reto con semejante paradoja tiene su punto.
Pues eso, que estoy convencida de que mis deseos más
profundos para mi futura vida como persona adulta y brillante, tales como
aprender a tocar la guitarra eléctrica y pasar mis noches interpretando solos
de The Scorpions o Guns N’ Roses; o estudiar enfermería pediátrica y
especializarme en criminología penitenciaria al mismo tiempo; o aprender
italiano; o vivir temporadas a caballo entre EEUU y Argentina; o entre Italia y
Países Nórdicos; o tener una Harley; o ser madre; o escribir un libro (o varios
si consigo engañar a alguna editorial); o colaborar como tertuliana en algún programa
de radio y/o televisión; o tener una columna en el periódico; o hacerme súper amiga
de Pep Guardiola; u operar a corazón abierto a alguien en un restaurante con un
tenedor y un chorro de vodka para desinfectar; o etcétera, etcétera, etcétera;
no van a desaparecer de la noche al día, aunque no los piense a cada momento al
irme a dormir.
Si me centro de una vez por todas en las aburridas asignaturas de este cuatrimestre, o en mi no aburrido sino genial compañero vital, o en empezar a trabajar ni que sea de barrendera, o etc. (porque me estoy pasando otra vez de planificar); vaya, en mi insulsa, con días intensos, vida, igual podré disfrutar plenamente de algo de lo que estoy haciendo. O no, porque aquí nadie ha prometido ser feliz en ningún momento.
Si me centro de una vez por todas en las aburridas asignaturas de este cuatrimestre, o en mi no aburrido sino genial compañero vital, o en empezar a trabajar ni que sea de barrendera, o etc. (porque me estoy pasando otra vez de planificar); vaya, en mi insulsa, con días intensos, vida, igual podré disfrutar plenamente de algo de lo que estoy haciendo. O no, porque aquí nadie ha prometido ser feliz en ningún momento.
Es como ir de viaje y no parar de hacer fotos. Muy bonitas quedarán en el ordenador, una resolución impresionante, pero el directo te lo has perdido con la excusa de enseñárselas a tus nietos. Y, con todo el cariño, para cuando tengas nietos, enseñar fotos de viajes a los demás estará ya penado por ley.
Así que si algún día me encuentro un rockero buenorro que me
preste su guitarra (y me enseñe a tocarla), me lleve en su Harley, me consiga
un puesto en su periódico, me compre un ático en Nueva York y me ayude a
escribir un libro en italiano, entonces ese día, tranquilos chicos de ESADE,
sabré decir que sí. O igual no, porque igual mi novio mundano me lleva a
argentina a operar a un criminólogo pediátrico y le pido matrimonio al momento.
Conclusión: tener metas hace que tu vida sea más fácil pero
menos real. Y que lo de tener sueños y metas te abre camino en el mundo, es
basura de coaching. No hagáis caso.
Ni a ellos, ni a mí.
P.D.: Los lectores más perspicaces y aburridos de la vida ya
se habrán percatado de que todos mis sueños tienen un punto de egolatría y
megalomanía en común. Y es que, bajo esta apariencia de chica humilde, se
esconde una egocéntrica a la que no dejo de drogar con Prozac para que no salga
mucho a la luz.
P.D.2.: Desde aquí todo mi agradecimiento a aquellos que habéis inspirado esta bonita entrada con sugerencias como el travestismo en el siglo VI A.C., o la unión de mercado entre EEUU y la UE. Sois mis musas, gracias y un besito.
P.D.2.: Desde aquí todo mi agradecimiento a aquellos que habéis inspirado esta bonita entrada con sugerencias como el travestismo en el siglo VI A.C., o la unión de mercado entre EEUU y la UE. Sois mis musas, gracias y un besito.
martes, 11 de diciembre de 2012
El futuro sigue siendo incierto, pero menos.
Hace casi dos años, me
empezaba a plantear muy seriamente darle un giro radical a mi vida. Bueno,
radical en la forma, no en el contenido.
Resulta que se suponía que era una chica corriente de Madrid que estudiaba una carrera, psicología, en una universidad de Madrid, con pareja desde hacía casi dos años, buena relación familiar y, aparentemente, feliz. Pero mira, casualidades de la vida, quien parece tener una vida, si no perfecta, aceptablemente buena, resulta que no es feliz.
Y quien no es feliz tiene dos caminos que seguir: quedarse como está o preguntarse si puede hacer algo para cambiarlo.
En mi caso fue fácil descubrir el origen de mi infelicidad. Todo en mi vida iba muy bien salvo el hecho de no poder estar cuando quisiera con mi pareja, a quien le dio por nacer a varios km de distancia de mi.
Así que, volviendo a hace casi dos años, y al giro radical que me estaba planteando, me dio por decir en voz alta lo que llevaba pensando como imposible durante muchos meses: y si me voy a vivir con él, dejo mi familia, mis amigos, mi universidad, intento no dejar mi carrera, y estoy con la persona que hará que sea feliz?
Resulta que se suponía que era una chica corriente de Madrid que estudiaba una carrera, psicología, en una universidad de Madrid, con pareja desde hacía casi dos años, buena relación familiar y, aparentemente, feliz. Pero mira, casualidades de la vida, quien parece tener una vida, si no perfecta, aceptablemente buena, resulta que no es feliz.
Y quien no es feliz tiene dos caminos que seguir: quedarse como está o preguntarse si puede hacer algo para cambiarlo.
En mi caso fue fácil descubrir el origen de mi infelicidad. Todo en mi vida iba muy bien salvo el hecho de no poder estar cuando quisiera con mi pareja, a quien le dio por nacer a varios km de distancia de mi.
Así que, volviendo a hace casi dos años, y al giro radical que me estaba planteando, me dio por decir en voz alta lo que llevaba pensando como imposible durante muchos meses: y si me voy a vivir con él, dejo mi familia, mis amigos, mi universidad, intento no dejar mi carrera, y estoy con la persona que hará que sea feliz?
Pues resulta que el
susodicho está aún más loco que yo y me dijo que sí, así, sin pensar. Pues
vale.
No sé muy bien cómo, en
menos de 6 meses ya estaba instalada en un piso a muchos km de distancia de mi
casa, con una maleta enorme llena de todo lo que creía que necesitaba para
vivir y no echar demasiado de menos mi vida anterior, haciendo trámites para
cambiar de universidad (y para descubrir que el suicidio o el asesinato nunca
deben descartarse), con mucha ilusión y, para que negarlo, un poquito de miedo.
Desde el principio tenía
claro por qué lo hacía y por qué debía hacerlo. En mi cabeza bailaba un
argumento de tanto peso que era imposible rechazármelo a mi misma. Por suerte,
mis padres, que eran los que podían decir la última palabra, decidieron que el
argumento era lo suficientemente bueno: si
por culpa de irme tengo problemas con la carrera, con los estudios, no pasa
nada, porque para seguir estudiando, lo que sea, siempre hay tiempo. Para estar
con la persona de tu vida, a veces no.
Entre pitos y flautas ya
casi han pasado dos años de aquella decisión y, con la perspectiva que te da el
tiempo, sé que tome el camino correcto porque era el único del cuál no podría
arrepentirme nunca.
Sin embargo, hay días en los que te dicen que tienes que pagar un curso más en la universidad porque no te reconocen todas las asignaturas hechas hasta el momento, o hay días que abres el armario de la habitación y descubres que fue comprado desde la visión de necesidades de un soltero antiestética, o hay días que quieres compartir una receta o un cotilleo con tu madre y el teléfono se vuelve insuficiente, o hay días que te tienes que conformar con el whatsapp para hablar con tu hermano… pero bueno, no te sientes tan mal porque sabes que aquí no eres tú quien te has ido, sino que él ha hecho lo mismo, osea que no te preocupas [;-)], o hay días que te gustaría olvidarte de los números de tu cuenta corriente y no puedes porque no tienes a tu padre, protector económico número uno, al lado, o hay días en que… te vas a dormir y sabes que incluso con todas estas cosas, eres más feliz que hace dos años y sabes bien que la razón de ello es el ovillo con ojos que respira a tu lado.
Sin embargo, hay días en los que te dicen que tienes que pagar un curso más en la universidad porque no te reconocen todas las asignaturas hechas hasta el momento, o hay días que abres el armario de la habitación y descubres que fue comprado desde la visión de necesidades de un soltero antiestética, o hay días que quieres compartir una receta o un cotilleo con tu madre y el teléfono se vuelve insuficiente, o hay días que te tienes que conformar con el whatsapp para hablar con tu hermano… pero bueno, no te sientes tan mal porque sabes que aquí no eres tú quien te has ido, sino que él ha hecho lo mismo, osea que no te preocupas [;-)], o hay días que te gustaría olvidarte de los números de tu cuenta corriente y no puedes porque no tienes a tu padre, protector económico número uno, al lado, o hay días en que… te vas a dormir y sabes que incluso con todas estas cosas, eres más feliz que hace dos años y sabes bien que la razón de ello es el ovillo con ojos que respira a tu lado.
Pero pensando estos
últimos días en mi espinita clavada de estudiar enfermería y tal como están las
cosas últimamente, pienso en si algún día seré capaz de estudiar la carrera que
no puedo dejar atrás, y me viene a la cabeza el argumento de hace dos años,
concretamente la parte de que para estudiar siempre hay tiempo, pero resulta
que fuera del éxtasis de poner patas arriba tu mundo, el argumento sigue siendo
válido pero un poco menos terrenal.
Pero qué cosas tiene la vida, resulta que tienes una súper madre que decide, a sus 52 años, volver a ponerse a estudiar, a levantarse a las 7 cada día, a volver por la tarde y no mirar la tele o planchar porque tiene que estudiarse el cuerpo humano o las cuentas, como ella se refiere a las matemáticas. Y, entonces, vuelve a venir tu propio argumento a la cabeza, y tu rechazo momentáneo por poco factible se ríe en tu cara con un gesto de reprobación.
Pero qué cosas tiene la vida, resulta que tienes una súper madre que decide, a sus 52 años, volver a ponerse a estudiar, a levantarse a las 7 cada día, a volver por la tarde y no mirar la tele o planchar porque tiene que estudiarse el cuerpo humano o las cuentas, como ella se refiere a las matemáticas. Y, entonces, vuelve a venir tu propio argumento a la cabeza, y tu rechazo momentáneo por poco factible se ríe en tu cara con un gesto de reprobación.
Si tú puedes volver a estudiar
después de tantísimos años, mamá, y sin ninguna razón más poderosa que las
ganas de aprender y mejorar como persona, yo también podré, algún día. Gracias
por recordármelo.
A todos los que hacéis
posible que escriba esto mirando el armario de soltero y no desde la capital
del reino, gracias. Y a ti, ovillo con ojos que respira, gracias, pero por
existir.
FELIZ NAVIDAD!
jueves, 15 de noviembre de 2012
Política: tenemos que recuperar la esencia
Soy consciente de que
este blog estaba dando señales claras de muerte inminente, pero me he propuesto
ponerle un chute de adrenalina a ver si va aguantando un poco más. Sé que
muchos al leer el título pensarán que he confundido el bote de adrenalina por
el bote de algún somnífero potente. Cuestión de pareceres.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente a ver si había alguna entrada nueva, gracias. Sois gente con fe y esperanza, y eso es bonito.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente sólo para recordarme cuánto tiempo hacía que no escribía una entrada, que sepáis que si no eres Cristiano Ronaldo, es difícil que cuando te venga a la cabeza una reflexión o pensamiento, creas que es lo suficientemente interesante como para sentar tu culo en una silla y ponerte a escribir. Y no sólo escribirlo, sino publicarlo para que otros lo puedan leer.
Sigo sin creer que los post escritos hasta el momento y éste mismo sean dignos de mi tiempo para escribirlos y vuestro tiempo para leerlos, pero hay días en que tienes más ganas de marcha y menos ganas de hacer cosas de provecho por la humanidad.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente a ver si había alguna entrada nueva, gracias. Sois gente con fe y esperanza, y eso es bonito.
A todos aquellos que han ido entrando paulatinamente sólo para recordarme cuánto tiempo hacía que no escribía una entrada, que sepáis que si no eres Cristiano Ronaldo, es difícil que cuando te venga a la cabeza una reflexión o pensamiento, creas que es lo suficientemente interesante como para sentar tu culo en una silla y ponerte a escribir. Y no sólo escribirlo, sino publicarlo para que otros lo puedan leer.
Sigo sin creer que los post escritos hasta el momento y éste mismo sean dignos de mi tiempo para escribirlos y vuestro tiempo para leerlos, pero hay días en que tienes más ganas de marcha y menos ganas de hacer cosas de provecho por la humanidad.
Tenía en mente crear un
nuevo post con algún tema que no hubiera toca hasta ahora. Y esta mañana,
mientras me tomaba los cereales, a mi cerebro le han venido ganas de pensar en
política. Así es él. Y ahora ya es tarde para reclamar a fábrica.
Se acercan elecciones.
Concretamente a Catalunya y en pocas semanas. Con la segunda cucharada de Corn
Flakes pensaba en porqué tanta gente ha perdido la ilusión en la vida política,
si es que alguna vez la ha tenido.
Yo no le voy a poner un nombre de tertuliano medio tipo “desafección política”, porque queda muy guay pero no viene a decir nada. Mi estilo inexistente consiste en ir tirando reflexiones como caigan y si el lector está mínimamente interesado alguna pillará. Si no pilla ninguna aun estando interesado quizá sí que debería plantearme certificar día y hora de la muerte de este seguidísimo blog.
Vamos allá.
Yo no le voy a poner un nombre de tertuliano medio tipo “desafección política”, porque queda muy guay pero no viene a decir nada. Mi estilo inexistente consiste en ir tirando reflexiones como caigan y si el lector está mínimamente interesado alguna pillará. Si no pilla ninguna aun estando interesado quizá sí que debería plantearme certificar día y hora de la muerte de este seguidísimo blog.
Vamos allá.
Para empezar quiero
aclarar, por si alguno de los que lee lo está pensando o lo ha pensado ya, que
ser apolítico es ser una ameba. Ni es guay, ni significa lo que la gente que normalmente
se lo autoadjudica como etiqueta social
quiere que signifique, ni es verdad en términos objetivos.
La política no es leer periódicos, ni ver debates, ni ir a votar, ni creerte a los políticos o que te guste alguno, que también. La política lo es TODO. Es política que el parque de tu barrio tenga carril bici o no, que permita entrada de perros o no. Es política si en una ciudad hay un hospital, dos o ninguno. Es política que la línea de autobuses pase cerca de tu casa o no. Es política lo que cobras por trabajar. Es política que en el hospital te hagan una resonancia o no te la hagan. Es política que te puedas comprar la camiseta que lleva todo el mundo del zara.
Política son decisiones, la mayoría de veces no mediáticas ni totalmente determinantes para la vida de los individuos. Etimológicamente (y que me perdonen los entendidos) vendría a ser la manera en la que se organizan las ciudades; adaptado a nuestra era, la manera en la que organizamos nuestra vida en sociedad.
Por tanto, como el señor Punset dice que somos seres sociales, no sois apolíticos. O sí, si sois amebas ermitañas, pero no porque no queráis votar o no os guste ver a los políticos por la tele.
La política no es leer periódicos, ni ver debates, ni ir a votar, ni creerte a los políticos o que te guste alguno, que también. La política lo es TODO. Es política que el parque de tu barrio tenga carril bici o no, que permita entrada de perros o no. Es política si en una ciudad hay un hospital, dos o ninguno. Es política que la línea de autobuses pase cerca de tu casa o no. Es política lo que cobras por trabajar. Es política que en el hospital te hagan una resonancia o no te la hagan. Es política que te puedas comprar la camiseta que lleva todo el mundo del zara.
Política son decisiones, la mayoría de veces no mediáticas ni totalmente determinantes para la vida de los individuos. Etimológicamente (y que me perdonen los entendidos) vendría a ser la manera en la que se organizan las ciudades; adaptado a nuestra era, la manera en la que organizamos nuestra vida en sociedad.
Por tanto, como el señor Punset dice que somos seres sociales, no sois apolíticos. O sí, si sois amebas ermitañas, pero no porque no queráis votar o no os guste ver a los políticos por la tele.
Respecto a por qué la
gente tiene este sentimiento derrotista, esta desilusión permanente respecto a
la clase política, la devaluación del acto de ir a votar; la responsabilidad es
claramente de políticos y ciudadanos. No sólo hay un bando “culpable”.
Es cierto que los
políticos son en una muy buena parte responsables. Han perdido en algún sitio
el sentido y objetivo de su profesión (no todos, ojo).
Mucha gente que acaba siendo política de primera línea (no son sólo políticos los que salen por la tele), lo son por tener una idea de sociedad, de país, y querer llevarla a cabo, tener el poder que permita llevarla a cabo.
Esto está bien en parte, ya que te aseguras gente ambiciosa, con ganas de trabajar, con objetivos, ideas propias, valientes, etc.
Pero está mal porque hay un fallo de concepto. El objetivo de un político no es servirse a si mismo, servir a la idea previa que tenía sobre cómo quería que fuera la sociedad en la que vivía.
El objetivo de un político es servir al pueblo (frase tan prostituida que sólo de escribirla me arrepiento de tener que decirla). Y servir al pueblo significa hacer una propuesta, mostrar tu plan de acción. Y permitir que el pueblo, libremente, te lo “compre” o pase de él y “compre” el de otro político. Y tú como político debes tener el valor de no caer en el desprecio y minusvaloración de las ideas del político ganador, osea el desprecio a las ideas que persigue el pueblo, y de apuntar qué ha comprado la sociedad, e intentar que tu próximo plan de ruta sea lo más parecido posible a lo que el pueblo prefiere, aunque tengas que renunciar a tu idea soñada de sociedad, y aunque creas que el pueblo se equivoca y que tu idea es mejor.
Mucha gente que acaba siendo política de primera línea (no son sólo políticos los que salen por la tele), lo son por tener una idea de sociedad, de país, y querer llevarla a cabo, tener el poder que permita llevarla a cabo.
Esto está bien en parte, ya que te aseguras gente ambiciosa, con ganas de trabajar, con objetivos, ideas propias, valientes, etc.
Pero está mal porque hay un fallo de concepto. El objetivo de un político no es servirse a si mismo, servir a la idea previa que tenía sobre cómo quería que fuera la sociedad en la que vivía.
El objetivo de un político es servir al pueblo (frase tan prostituida que sólo de escribirla me arrepiento de tener que decirla). Y servir al pueblo significa hacer una propuesta, mostrar tu plan de acción. Y permitir que el pueblo, libremente, te lo “compre” o pase de él y “compre” el de otro político. Y tú como político debes tener el valor de no caer en el desprecio y minusvaloración de las ideas del político ganador, osea el desprecio a las ideas que persigue el pueblo, y de apuntar qué ha comprado la sociedad, e intentar que tu próximo plan de ruta sea lo más parecido posible a lo que el pueblo prefiere, aunque tengas que renunciar a tu idea soñada de sociedad, y aunque creas que el pueblo se equivoca y que tu idea es mejor.
Y éste no es un
aprendizaje único y exclusivo para políticos, sino para el ser humano que
quiera vivir en democracia; no, para el ser humano en general que quiera
evolucionar y no extinguirse como especie. O aprendes a manejar tus
expectativas y reajustarlas si la cosa tira hacia un lado diferente al que
pensabas, o te quedas fuera.
Pero como decía, la culpa
no sólo es de los políticos. Los políticos han perdido su esencia en parte
también porque nosotros hemos perdido la nuestra y hemos permitido que ellos la
pierdan.
Se os ha olvidado lo que quería decir ser ciudadano libre y con derecho a voto. Si tengo el día pesimista me da por pensar que muchos nunca han aceptado las condiciones que esta etiqueta llevaba implícitas. Y otros muchos, incluso sabiéndolo, nunca la han querido aceptar.
Pero si tengo el día bueno, quiero pensar que es que se nos ha olvidado, como a aquellas parejas que se querían antes, pero que ahora ya no se acuerdan de por qué o cómo se demostraba.
Se os ha olvidado lo que quería decir ser ciudadano libre y con derecho a voto. Si tengo el día pesimista me da por pensar que muchos nunca han aceptado las condiciones que esta etiqueta llevaba implícitas. Y otros muchos, incluso sabiéndolo, nunca la han querido aceptar.
Pero si tengo el día bueno, quiero pensar que es que se nos ha olvidado, como a aquellas parejas que se querían antes, pero que ahora ya no se acuerdan de por qué o cómo se demostraba.
Y aun no queriendo ser
simplista, inevitablemente muchas cosas se me reducen al voto. Hemos
infravalorado tantísimo su valor, hemos olvidado tanto el significado que tiene
realmente, que ahora mismo decir que irás a votar es casi una ofensa para el
que te escucha, y una ofensa para ti mismo.
Ir a votar es muy
importante. Yo lo veo como depositar en una urna la copia de una llave de
acceso a tu mundo como individuo. Todas esas decisiones cotidianas de las que hablaba
antes y que nos afectan en menor o mayor medida cada día, y también todas esas
decisiones de gran calibre que sólo hay que tomar de vez en cuando, dependen de
la confianza que depositas a un determinado grupo de personas yendo a votar.
Les estás dando un poder grandioso, el poder de servirte a ti como ciudadano,
el poder de velar por tu bienestar y tu progreso. El poder de escucharte.
Y que nada de eso sea como esperábamos no sólo es culpa de que el político es un capullo y nos ha engañado. También es responsabilidad nuestra, primero por no depositar nuestro voto sabiendo que lleva implícito todo esto, y cuantas más esperanzas depositas, más decepciones te puedes llevar; también es responsabilidad nuestra que cuando nos decepcionan, nos quedemos sentados y quejándonos porque no han cumplido.
Dos problemas: uno, no les hemos dejado claro a nuestros políticos que significaba que les votásemos. No significaba manga ancha o elogios a lo que bien que les sienta la corbata. Significaba dejarles ser nuestros representantes; y dos, si una vez dejado claro no cumplen, se tienen que ir a la calle.
Aquí entraría en juego el bello arte de dimitir, el cuál no sólo depende de la moral del político que puede o no hacerlo, sino de la presión moral que ejerce la sociedad para obligarle a hacerlo.
Y que nada de eso sea como esperábamos no sólo es culpa de que el político es un capullo y nos ha engañado. También es responsabilidad nuestra, primero por no depositar nuestro voto sabiendo que lleva implícito todo esto, y cuantas más esperanzas depositas, más decepciones te puedes llevar; también es responsabilidad nuestra que cuando nos decepcionan, nos quedemos sentados y quejándonos porque no han cumplido.
Dos problemas: uno, no les hemos dejado claro a nuestros políticos que significaba que les votásemos. No significaba manga ancha o elogios a lo que bien que les sienta la corbata. Significaba dejarles ser nuestros representantes; y dos, si una vez dejado claro no cumplen, se tienen que ir a la calle.
Aquí entraría en juego el bello arte de dimitir, el cuál no sólo depende de la moral del político que puede o no hacerlo, sino de la presión moral que ejerce la sociedad para obligarle a hacerlo.
Pero bien, no quiero
tocar tantos temas porque si no quedará más espeso que un discurso radiofónico
de Eduardo Martín de Pozuelo (guiño especial a mis suegros).
Sólo quiero hacer dos
apuntes más. Uno es en referencia a los partidos más minoritarios. Nos quejamos
mucho del bipartidismo instaurado en España (en Catalunya no es tan bestia, y
es curioso ver cómo se gestiona la diferencia), pero no caemos en la conclusión
de que parte de culpa también la tienen los partidos más pequeños. Si un señor,
con su partido, que decide presentarse como candidato a presidente de un país,
no se cree con posibilidades de serlo, no crea un programa electoral dirigido a
un posible gobierno real, no le puede pedir al ciudadano medio que crea en él
más de lo que cree él en si mismo.
El último apunte es sobre
la ambigüedad en el discurso político. Al final, si te paras a analizar qué
quiere decir cada político cuando habla, qué discurso, en sentido figurado,
sostiene cada partido en referencia a diversos temas, consigues entenderlo y situar
a cada uno donde toca.
El problema es no tener el valor de expresar una opinión de manera clara y sencilla.
En la ambigüedad se vive estupendamente. No tienes por qué mojarte nunca, estás situado pero si te sitúan demasiado te quejas de que se te malinterpreta. Dices cosas a medias para contentar a todos aquellos situados en el rango al que te interesa dirigirte. A los que quedan totalmente fuera del rango, sí, les hablas claramente, con desprecio cristalino.
Lo que no se le puede pedir es a la señora María, que ya le cuesta entender cada día las noticias y que no acabó los estudios, pero que va cada domingo de elecciones religiosamente a votar, que lo siga haciendo sin entender qué narices le estás explicando (o vendiendo).
Si por ser claro resulta que pierdes votos de los que se mueven en la ambigüedad constante, te aguantas. Pero al menos estás siendo lo suficientemente valiente y digno de tu cargo como para ofrecer tu opinión sobre temas claves sin tapujos.
El problema es no tener el valor de expresar una opinión de manera clara y sencilla.
En la ambigüedad se vive estupendamente. No tienes por qué mojarte nunca, estás situado pero si te sitúan demasiado te quejas de que se te malinterpreta. Dices cosas a medias para contentar a todos aquellos situados en el rango al que te interesa dirigirte. A los que quedan totalmente fuera del rango, sí, les hablas claramente, con desprecio cristalino.
Lo que no se le puede pedir es a la señora María, que ya le cuesta entender cada día las noticias y que no acabó los estudios, pero que va cada domingo de elecciones religiosamente a votar, que lo siga haciendo sin entender qué narices le estás explicando (o vendiendo).
Si por ser claro resulta que pierdes votos de los que se mueven en la ambigüedad constante, te aguantas. Pero al menos estás siendo lo suficientemente valiente y digno de tu cargo como para ofrecer tu opinión sobre temas claves sin tapujos.
En fin, cambiar todo este
giro social es complicado, no se consigue de la noche a la mañana. Sólo quiero
reflejar mi más profunda esperanza y optimismo de que esto no tiene por qué ser
así siempre. Soy consciente de que mi discurso suena romántico y propio de
estar entrando en la veintena, pero resulta que si me espero a hacer esta
reflexión para cuando esté asqueada de todo, algunos de mis seguidores habrán
muerto antes de saber si abandoné realmente el blog o es que hago períodos de
descanso prolongado.
Y no, no pienso pedir a nadie que vaya a votar
en las próximas elecciones. Básicamente porque tras lo dicho en todo mi
escrito, creo que sólo deberíamos votar cuando tengamos bien claro qué estamos
haciendo al meter un papelito en una urna de cristal, qué significa la palabra
política, y cuál es el verdadero trabajo del señor que sale en traje por la
tele y al que (casi) todos critican.
P.D.: Revisando el número
de páginas que me ha ocupado esto en el word, soy totalmente comprensiva si
alguno se ha quedado en la segunda línea y ha borrado definitivamente el enlace
del blog de favoritos. Yo debería hacerlo también.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Tarta Sacher
Pues bien, aquí vamos con una receta más, después de un tiempo de desconexión:
Si os gusta el chocolate tanto como a mi, disfrutaréis mucho con esta tarta. Pero si no os va demasiado, os aseguro que también os gustará. Fuentes cercanas lo confirman...
Allá vamos, pues.
Ingredientes:
Cobertura:
125gr. de nata para montar
25gr. de mantequilla
Preparación:
Derretir los 75gr de chocolate al baño maría o en el microondas.
Mezclamos el azúcar glas y la mantequilla a temperatura ambiente con la batidora de varillas.
Las almendras las picamos con la batidora y reservamos.
Hacemos el almíbar, hirviendo el agua, el azúcar y el ron (bastante a ojo, más o menos misma proporción de agua y azúcar, y el ron a gusto, yo le eché bastante, pero es ir probando cuando ya casi esté y notar si le falta sabor o no, tiene que estar un pelín fuertecito, porque si no el bizcocho no cogerá sabor). Hervir hasta que se reduzca y el líquido se espese un poco, unos 15 o 20 minutos, aprox.
Partimos el bizcocho por la mitad (primero hacemos una incisión con un cuchillo bien afilado; luego cogemos un hilo de costura, suficientemente largo, y lo metemos por la incisión y vamos tirando de él hacia adelante, sujetando el bizcocho por arriba. Es la mejor manera de cortarlo de manera regular).
Colocamos la bandeja de rejillas sobre una bandeja de horno lisa.
Cuando esté la cobertura endureciéndose, ya podemos poner nuestra tarta encima de una bandeja o plato normal. El paso de ponerlo en bandejas de horno yo no lo hice, y me arrepiento. Es la mejor manera de que el chocolate se quede en el bizcocho, pero no en el plato, cayendo lo que sobre a la bandeja.
Espero que lo disfruéis!
Si os gusta el chocolate tanto como a mi, disfrutaréis mucho con esta tarta. Pero si no os va demasiado, os aseguro que también os gustará. Fuentes cercanas lo confirman...
Allá vamos, pues.
Ingredientes:
Para el bizcocho:
60gr. de almendra (sin sal, tostadas o al natural; peladas)
50gr. de harina
40gr. de azúcar glas
40gr. de azúcar normal
50gr. de mantequilla
3 huevos
75gr. de chocolate (lo más negro posible)5gr. de levadura sal
vainilla mermelada de fresa (o de cualquier otra fruta)
Almibar:
50gr. de harina
40gr. de azúcar glas
40gr. de azúcar normal
50gr. de mantequilla
3 huevos
75gr. de chocolate (lo más negro posible)5gr. de levadura sal
vainilla mermelada de fresa (o de cualquier otra fruta)
Almibar:
agua
azúcar
ron
Cobertura:
125gr. de chocolate (lo más negro y denso posible, o de cobertura o fondant)
25gr. de mantequilla
Preparación:
Derretir los 75gr de chocolate al baño maría o en el microondas.
Mezclamos el azúcar glas y la mantequilla a temperatura ambiente con la batidora de varillas.
Las almendras las picamos con la batidora y reservamos.
Añadimos el chocolate fundido (un poco templado) a la mezcla anterior de mantequilla y azúcar y batimos.
Separamos las claras de las yemas. Añadimos las yemas una a una, batiendo cada una de ellas.Montamos las claras con el azúcar normal. Echamos la vainilla (abrimos la vaina a lo largo con un cuchillo afilado y recogemos con la punta todos los polvitos negros de la vainilla), las almendras y mezclamos.
Separamos las claras de las yemas. Añadimos las yemas una a una, batiendo cada una de ellas.Montamos las claras con el azúcar normal. Echamos la vainilla (abrimos la vaina a lo largo con un cuchillo afilado y recogemos con la punta todos los polvitos negros de la vainilla), las almendras y mezclamos.
Incorporamos las claras poco a poco, con movimientos envolventes. Mezclamos la levadura con la harina y la sal, y tamizamos sobre la mezcla.
Untamos el molde con mantequilla. Echamos la mezcla y ponemos el horno a precalentarse 5 minutitos a 180ºC.
Meter el bizcocho al horno, a 180ºC durante, aprox. 20 minutos. Cuando empiece a subir, y lleve aprox. 15 minutos, pinchad en el centro. Si sale limpio, lo sacamos, si no, lo dejamos un poco más.
La gracia es que no quede seco, osea que en cuanto no salga manchado el palo, lo sacamos enseguida.
Desmoldamos y batimos la mermelada.
La gracia es que no quede seco, osea que en cuanto no salga manchado el palo, lo sacamos enseguida.
Desmoldamos y batimos la mermelada.
Hacemos el almíbar, hirviendo el agua, el azúcar y el ron (bastante a ojo, más o menos misma proporción de agua y azúcar, y el ron a gusto, yo le eché bastante, pero es ir probando cuando ya casi esté y notar si le falta sabor o no, tiene que estar un pelín fuertecito, porque si no el bizcocho no cogerá sabor). Hervir hasta que se reduzca y el líquido se espese un poco, unos 15 o 20 minutos, aprox.
Preparamos la cobertura, llevando a ebullición la nata en una cazuela. Cuando empiece a cocer, retiramos y echamos el chocolate, moviendo hasta que se funda. Añadimos la mantequilla.
Partimos el bizcocho por la mitad (primero hacemos una incisión con un cuchillo bien afilado; luego cogemos un hilo de costura, suficientemente largo, y lo metemos por la incisión y vamos tirando de él hacia adelante, sujetando el bizcocho por arriba. Es la mejor manera de cortarlo de manera regular).
La mitad inferior la bañamos en un plato hondo donde hayamos puesto el almíbar ya hecho, que chupe bien el líquido.
Ponemos la mitad inferior, ya bañada, en una bandeja de rejilla de horno, echamos la mermelada por encima, y tapamos con la otra mitad.
Colocamos la bandeja de rejillas sobre una bandeja de horno lisa.
Bañamos el bizcocho con la cobertura de chocolate(utilizad toda la cantidad, tiene que quedar una cobertura espesa). Dejamos enfriar (mejor si se puede enfriar fuera de la nevera que dentro, osea que hacedlo con tiempo).
Cuando esté la cobertura endureciéndose, ya podemos poner nuestra tarta encima de una bandeja o plato normal. El paso de ponerlo en bandejas de horno yo no lo hice, y me arrepiento. Es la mejor manera de que el chocolate se quede en el bizcocho, pero no en el plato, cayendo lo que sobre a la bandeja.
Y ya está. Luego podéis decorarlo como queráis. Yo utilicé sirope de fresa para poner una felicitación (era para un cumple).
Espero que lo disfruéis!
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Receta: Empanada anónima
Pues allá vamos con la primera receta. La verdad es que no sé que nombre ponerle, porque tiene bastantes ingredientes, así que de momento se queda como anónima.
Ingredientes:
Carne picada (preferiblemente de cerdo. Si puede ser de butifarra, mejor)
Miel
Almendras
Manzana
Piña natural
Ron
Ajo
Cebolla
Salsa de soja
Masa de empanada
Yema de huevo
Aceite
Preparación:
1. Triturar la cebolla. Pochar. Añadir la carne picada (si es de buti, desmenuzarlar y listo). Tostar bastante la carne.
2. Añadir un ajo majadito y una copita de ron bueno. Dejar reducir.
3. Cortar la manzana (entre media y una, depende del tamaño), sin piel, y echar a la sartén. Añadir también la piña cortada en trocitos.
4. Picar las almendras, sin piel. Añadir a la sartén.
5. Añadir un buen chorro de miel a la sartén. Echar salsa de soja. Rectificar de sal y miel.
6. Dejar que se acabe de hacer un poco la fruta y coger todos los sabores.

7. Separar en dos mitades la masa de empanada. Poner el relleno encima de una mitad, tapar con la otra y sellar los bordes con un tenedor.
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8. Pintar con la yema del huevo la masa, pinchar un poco con un tenedor y meter al horno, 180 grados, unos 15 minutos, depende de la potencia.

9. Comer.

Ingredientes:
Carne picada (preferiblemente de cerdo. Si puede ser de butifarra, mejor)
Miel
Almendras
Manzana
Piña natural
Ron
Ajo
Cebolla
Salsa de soja
Masa de empanada
Yema de huevo
Aceite
Preparación:
1. Triturar la cebolla. Pochar. Añadir la carne picada (si es de buti, desmenuzarlar y listo). Tostar bastante la carne.
2. Añadir un ajo majadito y una copita de ron bueno. Dejar reducir.
3. Cortar la manzana (entre media y una, depende del tamaño), sin piel, y echar a la sartén. Añadir también la piña cortada en trocitos.
4. Picar las almendras, sin piel. Añadir a la sartén.
5. Añadir un buen chorro de miel a la sartén. Echar salsa de soja. Rectificar de sal y miel.
6. Dejar que se acabe de hacer un poco la fruta y coger todos los sabores.

7. Separar en dos mitades la masa de empanada. Poner el relleno encima de una mitad, tapar con la otra y sellar los bordes con un tenedor.
.jpg)
8. Pintar con la yema del huevo la masa, pinchar un poco con un tenedor y meter al horno, 180 grados, unos 15 minutos, depende de la potencia.

9. Comer.

martes, 4 de septiembre de 2012
Salir de compras o salir de fiesta?
Mis neuronas están descansando en su tierra de origen. Volverán igual de fritas, éso seguro, pero al menos con un frito un pelín más saludable, porque comenzaban a estar requemadas.
Básicamente nos estamos dedicando a dormir más de lo habitual, recordar lo que es vivir con una madre al lado (la naturaleza es sabia), y salir de fiesta.
Si me conocéis, sabréis que una de las tres cosas seguramente sea mentira. Realmente lo es, porque las fiestas y yo estamos en polos opuestos. Pero ayer tuve la sensación de estar haciendo la ruta del bakalao.
Lunes por la tarde, madre e hija se dirigen a pasar unas bonitas horas llenas de amor y consumismo. Centro comercial, vestidas de verano. Estamos situados.
Entrar a las tiendas es toda una experiencia sensorial:
- Frío: probarte un jersey o una bufanda de nueva temporada se convierte en el placer más absoluto. Podríamos haber comprado en el super unas barritas de merluza pescanova para cenar y no se nos hubieran descongelado, con éso lo digo todo.
- Oscuridad: en las cuevas de Altamira hay más luz que en un pull&bear. No distingues ni formas ni colores.
Según mi madre, hecho a propósito para comprar al tuntún. Vale, sí, pero si se pasan igual la jugada les sale mal porque las chicas consumistas ya estamos atontadas, ya, pero si al llegar a casa descubres un jersey de hombre en lugar del vestido vaquero que querías, igual lo acabas descambiando (o no, y te pones el jersey a modo de vestido, un cinturón apretado, y te conviertes en it girl).
- Música: dicen que la música amansa a las fieras, pero la música de cabecera de las tiendas de ropa consiguen más bien sacarme la fiera que llevo dentro.
Todo el mundo conoce al típico alternativillo que te dice "en las discotecas no se puede hablar, está la música muy alta". Muy bien, y en el cine no se puede leer, porque están las luces apagadas.
Pero claro, vamos bien si ahora resulta que en las tiendas de ropa tampoco se puede hablar, donde la figura del "consultor" es básica (básicamente madres o amigas, a las que nunca haces caso con su consejo, y la única diferencia que hay entre ellas es que a unas se lo dices abiertamente, y a otras se lo maquillas en plan "es muy mono, pero más para ti que para mi, yo no me veo").
Yo creo que llegará el día en que tengamos que relacionarnos con gestitos, tipo ligue de discoteca: si me guiñas el ojo, quieres una talla más. Si me tiras un beso, menos. Si me sonríes pavoneándote, que te lo compre porque tú no tienes pasta.
Evidentemente ésto sería posible sólo en tiendas donde el fenómeno Altamira no haya triunfado aún.
Lo que tengo claro es que la próxima vez que vaya a comprar, pienso pedir un cubata con el ticket de compra. Ya que me hacen pagar 20 euros por un trozo de tela que ha fabricado una niña china por 5 céntimos, al menos que me incluyan una consumición.
Nada más por el momento. 4 horas y media de compras sólo han dado para una reflexión insulsa como ésta, pero es que lo de dormir más de lo habitual no era mentira, y estoy sufriendo un síndrome Cesc Fàbregas del que me costará desprenderme.
P.D.: Para la próxima entrada, id preparando horno y cocina, que llega la primera receta del blog. Y no, no son sesitos fritos.
Básicamente nos estamos dedicando a dormir más de lo habitual, recordar lo que es vivir con una madre al lado (la naturaleza es sabia), y salir de fiesta.
Si me conocéis, sabréis que una de las tres cosas seguramente sea mentira. Realmente lo es, porque las fiestas y yo estamos en polos opuestos. Pero ayer tuve la sensación de estar haciendo la ruta del bakalao.
Lunes por la tarde, madre e hija se dirigen a pasar unas bonitas horas llenas de amor y consumismo. Centro comercial, vestidas de verano. Estamos situados.
Entrar a las tiendas es toda una experiencia sensorial:
- Frío: probarte un jersey o una bufanda de nueva temporada se convierte en el placer más absoluto. Podríamos haber comprado en el super unas barritas de merluza pescanova para cenar y no se nos hubieran descongelado, con éso lo digo todo.
- Oscuridad: en las cuevas de Altamira hay más luz que en un pull&bear. No distingues ni formas ni colores.
Según mi madre, hecho a propósito para comprar al tuntún. Vale, sí, pero si se pasan igual la jugada les sale mal porque las chicas consumistas ya estamos atontadas, ya, pero si al llegar a casa descubres un jersey de hombre en lugar del vestido vaquero que querías, igual lo acabas descambiando (o no, y te pones el jersey a modo de vestido, un cinturón apretado, y te conviertes en it girl).
- Música: dicen que la música amansa a las fieras, pero la música de cabecera de las tiendas de ropa consiguen más bien sacarme la fiera que llevo dentro.
Todo el mundo conoce al típico alternativillo que te dice "en las discotecas no se puede hablar, está la música muy alta". Muy bien, y en el cine no se puede leer, porque están las luces apagadas.
Pero claro, vamos bien si ahora resulta que en las tiendas de ropa tampoco se puede hablar, donde la figura del "consultor" es básica (básicamente madres o amigas, a las que nunca haces caso con su consejo, y la única diferencia que hay entre ellas es que a unas se lo dices abiertamente, y a otras se lo maquillas en plan "es muy mono, pero más para ti que para mi, yo no me veo").
Yo creo que llegará el día en que tengamos que relacionarnos con gestitos, tipo ligue de discoteca: si me guiñas el ojo, quieres una talla más. Si me tiras un beso, menos. Si me sonríes pavoneándote, que te lo compre porque tú no tienes pasta.
Evidentemente ésto sería posible sólo en tiendas donde el fenómeno Altamira no haya triunfado aún.
Lo que tengo claro es que la próxima vez que vaya a comprar, pienso pedir un cubata con el ticket de compra. Ya que me hacen pagar 20 euros por un trozo de tela que ha fabricado una niña china por 5 céntimos, al menos que me incluyan una consumición.
Nada más por el momento. 4 horas y media de compras sólo han dado para una reflexión insulsa como ésta, pero es que lo de dormir más de lo habitual no era mentira, y estoy sufriendo un síndrome Cesc Fàbregas del que me costará desprenderme.
P.D.: Para la próxima entrada, id preparando horno y cocina, que llega la primera receta del blog. Y no, no son sesitos fritos.
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